TEMA # 2
DIOS - PRINCIPIO Y FIN

OBJETIVO

  • Mostrar a Dios como Principio y Fin.

  • Ver las diferentes vías para conocer a Dios que se nos ha revelado.

  • Ver algunas maneras de razonar la existencia de Dios.

  • Ateísmo teórico y Ateísmo práctico.

  • Cómo hablar de Dios. Y Cómo hablar con Dios.

PREGUNTAS

  1. Ateísmo teórico y Ateísmo práctico. Diferencias.
    ¿Cuál es más numeroso?
    ¿Cuál es más peligroso?

  2. Algunos científicos sostienen que el universo es producto de la casualidad. ¿Qué les responderíamos?

  3. Explique la Teoría del Big Bang. ¿Es cierto que ésta explica la existencia del universo sin Dios Creador?

  4. Tres maneras de razonar la existencia de Dios

  5. Cómo hablar de Dios.

  6. Cómo hablar con Dios.

  1. Ateísmo teórico y Ateísmo práctico. Diferencias.
    ¿Cuál es más numeroso?
    ¿Cuál es más peligroso?

Ateísmo teórico es la postura del tradicionalmente llamado “ateo”, que sostiene que Dios no existe. Es una postura similar a la de una persona que niega la existencia de su bisabuelo simplemente porque no lo conoció. Y, como podemos observar a nuestro alrededor, este “ateísmo” intelectual es sostenido hoy en día por una escasa minoría.

Ahora bien, modernamente se considera que ese ateísmo es una postura bastante irreal, ya que ... ¿por qué han de discutir con tanta fuerza sobre la inexistencia de algo que -para ellos- ni siquiera existe? ¿Por qué darle tanta importancia a “alguien” que no existe?

A veces también el ateo intelectual o teórico muestra un odio marcado contra ese “Ser” que sostienen no existe.

¿Por qué el odio hacia algo inexistente? De allí que algunos digan que no existen verdaderos ateos.

Más preocupante es el ateísmo práctico. Vastas mayorías, millones de seres humanos son ateos prácticos; es decir, que practican el ateísmo.

Estos son contradictorios en su postura: dicen que Dios existe, pero viven como si Dios no existiera. Viven a espaldas de Dios, sin siquiera pensar en El, y actuando en contra de Dios, de sus leyes y su Voluntad.

(Ver Catecismo Iglesia Católica #29 Y #30)

  1. Algunos científicos sostienen que el universo  es producto de la casualidad.
    ¿Qué les responderíamos?

Explicar la existencia del universo por la “casualidad” es un absurdo. Tan absurdo como que la estatua de Simón Bolívar se hubiera podido ir haciendo por la acción del viento y la lluvia en un trozo macizo de bronce que fuera colocada en el centro de la Plaza que lleva el nombre del Libertador.

O que una computadora pudo haberse formado al lanzar al aire como papelillos una cantidad de piezas metálicas y plásticas, y éstas al caer, se colocaron en tal forma que quedaron estas partes perfectamente ensambladas en forma de computadora.

Si en una computadora existe programación, orden, leyes, normas y organización, en el universo y en los seres que en él vivimos existen mucho más estas condiciones.

Si el universo funcionara por casualidad, los viajes espaciales no podrían programarse con la precisión y la exactitud con que lo hacen los astronautas y los programadores de tierra.

¿O podrían los astrónomos predecir -por ejemplo- los eclipses con la puntualidad con que lo hacen?

(Ver Catecismo Iglesia Católica #282, #283, #284, #286, #289)

  1. ¿Es cierto que la Teoría del Big Bang explica la existencia del universo sin Dios Creador?

Falso. Aunque la Teoría del Big Bang fuera cierta, ésta no explica de dónde salió la materia que comenzó a explotar.

Hay algunos científicos que sostienen que antes del Big Bang que dio inicio a nuestro universo hubo un número infinito de otros “big bangs” o explosiones o colapsos, o universos “anteriores” explotando y colapsando.

Aun si esto fuera cierto queda en el aire un problema que requiere explicación:

¿De dónde salió el material que explotaba y colapsaba? ¿De dónde salió toda esa masa inmensísima de materia?

Como el universo no puede explicar su propia existencia, la explicación tiene que estar fuera del universo.

Y esa explicación requerida es un “Alguien” que no depende del universo. Un “Alguien” que -de hecho- no depende de nada ni de nadie.

Estas teorías- la casualidad y el Big Bang- nos llevan a lo que se llama en Teología la “causalidad”: hay una “Causa Primera” o “Causa no-causada”.

Y también nos lleva a darnos cuenta de que debe existir un diseñador inteligente que con intención creó o dio origen al universo. Esa “Causa Primera” y ese Diseñador Inteligente es -por supuesto- Dios.

 

 

¿Cómo sabe el ser humano que Dios existe?

Primero que nada porque Dios nos lo ha dicho y El se nos ha revelado. Lo sabemos por la Sagrada Escritura.

Dios se revela a nosotros en la Biblia: “Yo soy: YO-SOY” (Ex.3, 14). “Yo soy el Alfa y el Omega” (Ap.1, 8); es decir, el Principio y el Fin de todo lo que existe.

Y no falta el reproche de Dios para los que se resistan a creer en su existencia: “La incapacidad natural del hombre se revela en su ignorancia de Dios. Todo lo que admiran por su valor no los llevó a conocer al Que Es. ¡Se quedaron con las obras y no reconocieron al Artesano” (Sb. 13, 1). “¡Mentira, Dios no existe! dijo en su corazón el insensato” (Sal. 14, 1).

Y San Pablo nos dice en la Sagrada Escritura que es posible descubrir a Dios al observar el universo: “Lo que es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad” (Rm. 1, 20).

Catecismo Iglesia Católica # 50, #51, #68, #69, #70, #71 y #72.

Entonces, aparte de la Biblia, podemos conocer de la existencia de Dios por nuestra inteligencia, regalo de Dios, la cual es capaz de razonar al observar el universo y de darse cuenta de que en éste existe un orden y un diseño que sólo puede causar un Ser muy superior, un Ser Supremo, que existe por sí mismo -es decir, Dios.

  1. Tres Maneras de razonar
    la existencia de Dios

  1. La Causa Primera o Causa no-causada

Existe un principio comprobable fácilmente por el que nos damos cuenta que para toda cosa que existe hay otra que la ha causado: no existe nada que no haya sido causado por otra causa.

Si vemos un huevo sabemos que fue causado por una gallina. Si vemos una computadora sabemos que ha sido causada por un ser inteligente que la diseñó.

Este principio filosófico es muy sencillo: no existe nada que se haya causado a sí mismo. Cualquier cosa que hay en el mundo fue causado por algo o alguien.

Hay cadenas de causas. Por ejemplo, un libro está hecho de hojas de papel. Ese libro no se originó por casualidad ni por sí mismo. El papel que lo compone viene de la pulpa de madera. La madera viene de los árboles o de un árbol. El árbol creció, entre otras cosas, por la influencia de los rayos solares. El sol ¿de dónde viene? Y así podemos llegar al comienzo de la cadena.

Podemos seguir viendo ejemplos y siempre observaremos que cada cosa tiene su causa. Y podemos establecer una grandísima serie de causas que nos llevan a una Causa Primera o Causa no-causada que está al comienzo de la cadena.

Esa Causa existe por sí misma, es independiente de todas las demás causas, no fue causada por ninguna otra causa. Esa Causa Primera es lo que nosotros llamamos “Dios”.

No puede despacharse fácilmente este principio de la causalidad, aduciendo -por ejemplo- que el primer ser viviente vino de seres inferiores. Pero ... ¿de dónde vinieron los seres inferiores?

Algunos pueden sostener que la vida proviene del sol. Pero ... ¿de dónde sale el sol? ¿De dónde obtiene su poder de mantener la vida?

La generación espontánea ya fue demostrada como una falsedad por Pasteur. Ya hemos descartado la casualidad. Así que la vida tiene que provenir originalmente de una Causa Viva, palabras que de alguna manera describen a Dios.

Es así como, por más que sigamos y sigamos en esa cadena de causas causadas a lo largo del tiempo hacia atrás, en algún momento nos topamos con ese Ser no-causado que es Dios.

 

     

  1. Dios: el Diseñador Inteligente

Observemos un reloj mecánico. La forma como la aguja de los segundos se mueve sesenta veces más rápido que la de las minutos, y l ésta sesenta veces más rápido que la de las horas. ¿Puede ocurrírsele a alguien decir que esta maravilla de precisión y de diseño existe por casualidad? No. Hasta un niño pequeño puede darse cuenta de lo absurdo de esta proposición.

¿Otros ejemplos de diseño?

Observemos una computadora, la televisión, internet o los faxes. Imposible que se originen por casualidad o por sí mismos. Sencillo argumento ¿no?

Sin embargo, hay algunos que piensan que el universo -cuyo funcionamiento sobrepasa de sobra en complejidad y en tamaño a un simple reloj, o a una computadora o a la televisión, internet o los faxes- existe y funciona ¡por casualidad!

Otro ejemplo: unas palabras escritas en la arena. ¿Puede ocurrírsele a alguien que simplemente aparecieron allí? Una escultura, una pintura ... cualquier cosa en la que observemos diseño y orden, inmediatamente nos lleva a un diseñador con inteligencia.

Las plantas hidroeléctricas para generar electricidad son una obras de ingeniería civil y eléctrica impresionantes en su tamaño y en su diseño. Cualquiera que las observa puede darse cuenta de que detrás de esas obras de ingeniería hay diseño e inteligencia para construirlas y ponerlas a funcionar.

Ahora bien, el cuerpo humano es una obra mucho más complicada que los relojes, computadoras, plantas hidroeléctricas, etc. Observemos solamente el funcionamiento del ojo y del oído humano.

El acto de la visión requiere -según los científicos- de trece condiciones diferentes que se den de manera simultánea.

El acto de la audición es una maravilla, también. Las ondas sonoras hacen vibrar al tímpano y éstas ondas se transmiten a través de los huesecillos del oído hasta el caracol y de allí al nervio auditivo y luego al cerebro.

La formación del un bebé en el útero de su madre. Las diferentes etapas para irse formando y madurando hasta llegar a uno de los detalles más impresionantes.

La circulación de la sangre antes del nacimiento y en el momento mismo del nacimiento o inmediatamente después: dentro de la madre la sangre pura e impura pasa de un lado a otro del corazón del bebé, pero en el momento del nacimiento, el tejido que comunica a las dos aurículas se cierra y ya comienza la separación de la sangre pura e impura. ¿Casualidad?

El funcionamiento del universo. La visita a un Planetario nos da la idea de la complejidad del funcionamiento del universo. ¿Podría alguien decir que lo que es ese Planetario es obra de la casualidad? ¡Mucho menos el universo mismo!

Volvamos al reloj. Si algo simple como un reloj en comparación con el universo no puede sucederse por casualidad ¿cómo no creer en Dios?

“Muéstreme un reloj sin relojero y no insisto, entonces, en el universo sin un creador del universo”, decía Chesterton.

Cada vez más los científicos van llegando a la idea de un Dios Creador. Los astronautas quedan maravillados del funcionamiento del espacio. A medida que más se avanza en la ciencia, más se llega a esa Causa Primera Diseñador inteligente, que es Dios.

(Ver Catecismo Iglesia Católica # 159, #31 a #38 y #44 a #47).

 

  1. Evidencia histórica

Es un hecho que todas las personas, de todos los tiempos, de todas partes de la tierra han creído en la existencia de Dios. Es cierto, también que algunos la han negado, pero son las excepciones que confirman la regla.

Toda raza y tribu, civilizada o no, haya estado en conexión con el resto del mundo o hay estado aislada, profesa la creencia en alguna forma de divinidad.

Los griegos llamaban al dios supremo Zeus, los romanos, Júpiter, etc. No se ha conseguido una raza que no crea en alguna forma de ser supremo, una entidad superior a ellos mismos.

Nuestros indios makiritares en Guayana, le llaman “Uanadi”. Apenas en 1971 se descubrió una tribu primitiva en Filipinas que cree en un Dios al que llaman “Diwata”, que sus antepasados les habían dicho que algún día vendría a la tribu para ayudarla.

Esta creencia y necesidad de un dios no es pura casualidad. Si todo el mundo o casi todo el mundo -pueblos enteros, la gran mayoría- cree en un dios, esto nos muestra que existe Dios.

De hecho esta necesidad de Dios la ha inscrito el mismo Dios en en corazón de los seres humanos.

Catecismo Iglesia Católica #27, #28, #29 y #30.

  1. Cómo hablar de Dios:

(Ver Catecismo Iglesia Católica #40, #42, #43 y #48)

Nuestra inteligencia y nuestro lenguaje siempre serán limitados para hablar de Dios, que es un ser ilimitado, infinito.

Para hablar de Dios, debemos conocer a Dios. ¿Cómo hablar de alguien que no conocemos?

La Teología aporta un conocimiento teórico de Dios. Pero ¿basta un conocimiento teórico para hablar de ese Ser que se nos ha revelado?

¿Cómo manejar un carro si sólo se nos explica cómo hacerlo y no podemos manejarlo?

El estudio de Dios a través de la Teología nos aporta datos importantes que, razonados con la inteligencia, aceptados con la voluntad, se graban en nuestra memoria.

Pero ... ¿basta ese conocimiento para convencer ... para convencernos? ¿Cómo, entonces, conocer a Dios?

A Dios lo conocemos mejor aún a través de la oración. Se dice que Santo Tomás de Aquino, después de tener una experiencia de Dios en un momento de oración profunda, exclamó: “He aprendido más en un momento de oración ante el Crucifijo que en todos los libros que he leído”.

De allí la importancia de la oración. En realidad, poco ganamos “estudiando” a Dios si no buscamos conocerlo en la oración, si no buscamos “hablar con Dios” para conocerlo y, conociéndolo, poder amarlo de verdad.

  1. Cómo hablar con Dios:

La oración es “diálogo”, conversación. Y el diálogo implica hablar y escuchar. La verdadera oración es más silencio y escucha que palabras y más palabras.

Y si hemos de hablar y pedir, se trata de pedir “cosas buenas”, cosas que Dios quiera darnos. “Pedid y se os dará ... vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan” (Mt. 7, 7-11)

Se trata de pedir cosas convenientes, conformes a los deseos de Dios. De allí que San Juan Damasceno definiera así la oración: “La oración es la elevación del alma a Dios o la petición de bienes convenientes”(Catecismo Iglesia Católica #2559)

“Señor, danos lo que te pedimos porque te pedimos lo que Tú deseas darnos”, dice la oración post-comunión de la Liturgia de San Alberto de Jerusalén.

Pero para conocer a Dios es importante buscar momentos de silencio en la oración para poder escucharlo a El, para permitirle que El actúe, para comenzar a conocerlo mejor a través de ese recogimiento silencioso en la oración.

(Ver Catecismo Iglesia Católica #2697 y #2699).

ORACION MEDITACION

Lo más grande que yo hallo en Dios,
y que yo alabo y admiro en su poder,

no es el haber formado el cielo,
pues es poderoso;

no el haber fundado la tierra,
pues es la misma fuerza;

no el haber arreglado el año
con el curso de los astros,
pues es tan sabio;

no el haber animado al hombre,
cuando es la vida misma;

sino
el ser misericordioso ... siendo justo

el ser clemente ... siendo Rey

el ser sufrido ... siendo Dios.

Y esto es lo que se comprende en estas palabras:
Contarán lo excesivo de vuestra benignidad,
y celebrarán con alegría vuestra justificación.

(San Hilario, ref. Salmo 144).

"Oración Cristiana e
influencias paganas en la oración"

Temario Tema # 3
Evolución vs Creación
Cuestionario