Cómo ser salvo?

SEÑALES EN EL CAMINO
DE SALVACIÓN

8ª Señal
Devoción a la Santísima
Virgen María:


 17.   Entonces, si la Virgen murió ¿de qué murió?   

Royo Marín responde así a esta pregunta:  “No parece que muriera de enfermedad, ni de vejez muy avanzada, ni por accidente violento (martirio), ni por ninguna otra causa que por el amor ardentísimo que consumía su corazón”.

No creamos que esta afirmación de que  el amor a Dios haya sido la causa del fallecimiento (¿o desfallecimiento?) de María, sea una ilusión poética, producto de una piedad ingenua y entusiasta para con la Santísima Virgen.  No.  Esta enseñanza se funda en testimonios de los Santos Padres, quienes dejaron traslucir con frecuencia su pensamiento sobre este particular. 

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. cita a San Alberto Magno:  “Creemos que murió sin dolor y de amor”.   Nos asegura, además, que a San Alberto siguen otros como el Abad Guerrico, Ricardo de San Lorenzo, San Francisco de Sales, San Alfonso María de Ligorio y muchos otros. 

Y veamos qué nos dice Juan Pablo II sobre las causas de la muerte de la Madre de Dios:  “Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo”.  Entonces se apoya en San Francisco de Sales, quien considera que la muerte de María se produjo como un ímpetu de amor.  En el Tratado del Amor de Dios  habla de una muerte “en el Amor, a causa del Amor y por Amor”.  -Tratado del Amor de Dios, Lib. 7, 12/14- (JP II, 25-junio-99).

Royo Marín  cita al Teólogo Gregorio Alastruey, quien en su Tratado de la Virgen Santísima afirma: “La Santísima Virgen acabó su vida con muerte extática, en fuerza del divino amor y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales”.

Nuevamente son los místicos quienes explican mejor cómo pudo ser esa muerte tan especial en el caso de la Madre de Dios:   “Se reclinó María santísima en su lecho, puestas las manos juntas sobre su pecho y los ojos fijos en su Hijo santísimo, y toda enardecida en la llama de su divino amor.  Siente la Madre de Dios un abundante influjo del Espíritu Santo que invade todo su cuerpo. Las fuerzas que se le iban eran reemplazadas por una fuerza de Amor.  El Amor excedía la capacidad de su cuerpo. Y en esa entrega de Amor, sucede la ‘dormición’ de la Madre de Dios:  sin esfuerzo alguno, su alma abandona el cuerpo y María queda como dormida” (Sor María de Agreda en La Mística Ciudad de Dios).

Es nuevamente Juan Pablo II quien aclara aún más este punto:“Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en este caso la muerte pudo concebirse como una ‘dormición’”.

Luego basándose en la Tradición para tratar este tema, el Papa Juan Pablo II nos aclara aún más este maravilloso suceso: 

“Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste.  Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo Divino, para compartir con El la vida inmortal.  Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como San Pablo -y más que él- el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre”. -cf. Flp. 1, 23- (JP II, 25-junio-97)

Otro ilustre Mariólogo, Garriguet,  también citado por Royo Marín, nos describe más detalles sobre la vida y la dormición de la Madre de Dios:  “María murió sin dolor, porque vivió sin placer; sin temor, porque vivió sin pecado; sin sentimiento, porque vivió sin apego terrenal.  Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, como un sueño dulce y apacible; era menos el fin de una vida que la aurora de una existencia mejor.  Para designarla la Iglesia encontró una palabra encantadora:  la llama sueño o dormición de la Virgen”.

 

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Devoción a la Santísima Virgen María
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