Catecismo de la Iglesia Católica

LECCION # 9

COMUNION DE LOS SANTOS 
PERDON DE LOS PECADOS
RESURRECCION DE LA CARNE
VIDA ETERNA

Comunión dee los Santos

1.      ¿Qué será eso de la “Comunión de los Santos” que rezamos en el Credo?

  La Comunión de los Santos, como el nombre lo indica, es la común unión de todas las personas santas, es decir, de los que están unidos a Cristo mediante la Gracia. 

Unos viven aún peregrinos en este mundo.  Otros, ya difuntos, se purifican en el Purgatorio, ayudados por nuestras plegarias.  Otros gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros.  (CIC-C #195).

La Iglesia es muchísimo más grande de lo que podemos imaginarla, porque todos formamos parte de la Iglesia, aún los que ya pasaron a la eternidad.  Se trata de personas conocidas y no conocidas, grandes santos y santos desconocidos.

Los que estamos en la tierra formamos la Iglesia Militante, llamada así pues nosotros sus miembros estamos en la lucha contra el pecado para llegar al Cielo.

Iglesia Militante
Iglesia Militante

Los que están ya en el Cielo forman la Iglesia Triunfante, pues ya ésos lucharon y han recibido el premio del triunfo. 

Iglesia Triunfante
Iglesia Triunfante

Y aquéllos que se han salvado, pero que aún no han llegado al Cielo y se están purificando en el Purgatorio, forman la Iglesia Purgante.

Iglesia Purgante
Iglesia Purgante

La Comunión de los Santos es, entonces, la unión de estos tres grupos de fieles, los cuales nos ayudamos unos a otros.  Los que estamos en la tierra oramos y nos ayudamos entre nosotros.  Pero los del Cielo están intercediendo por nosotros y nos ayudan en nuestro camino.  Y nosotros podemos ayudar a las almas en purificación con nuestra oración y sacrificios para aliviar su pena.

Comunión de los Santos
La Comunión de los Santos

Lamentablemente el pecado de cada uno de nosotros daña esta comunión entre todos.  Esto hay que tenerlo en cuenta cuando estemos en pecado: el pecado daña al pecador y hace daño también a otros, pues interfiere en la unión de todos en Cristo.

2.      ¿Cuál será la persona más importante en la Comunión de los Santos y por qué?

La Santísima Virgen María.  Primeramente, ella es la Madre de Dios.  Ella fue la persona que -como ninguna otra- estuvo más unida a Jesús en la tierra, y esa unión continúa en el Cielo.  María es la Reina del Cielo y como es también nuestra Madre, ella está muy cerca de nosotros. 

3.      ¿Puede la Virgen ayudarnos de veras?

Desde el comienzo de la Iglesia la experiencia nos muestra que María nos ayuda.  Miles de cristianos han dado testimonio de su ayuda.

Como buena Madre está pendiente de nuestras necesidades.  Recordémosla en las Bodas de Caná: ella fue la que se dio cuenta que el vino de la fiesta no alcanzaba y pidió a su Hijo hacer su primer milagro.

Después de la Ascensión, la vemos reunida con los Apóstoles, orando con ellos y animándolos: “Todos ellos perseveraban en la oración con un mismo espíritu ... en compañía de María, la Madre de Jesús” (Hech. 1, 12-14).   

Por eso la Iglesia la reconoce como Abogada, Auxiliadora y Mediadora de las gracias.  Por eso le pedimos en el Ave María: ruega por nosotros pecadores  -ahora - y en la hora de nuestra muerte. 

Virgen intercesora
Ssma.Virgen María intercesora

4.     Pero a los Católicos nos acusan de rendirle a la Virgen María el culto que sólo de debe a Dios.  ¿Qué respondemos a esto?

Los Católicos adoramos a Dios, a El sólo adoramos.  A la Santísima Virgen María la veneramos. 

Es decir: A la Virgen María se le rinde un culto singular, que se diferencia esencialmente del culto de adoración, que se rinde sólo a la Santísima Trinidad.

Este culto de especial veneración encuentra su particular expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oración mariana, como el santo Rosario, compendio de todo el Evangelio. (CIC-C #198)

5.     ¿Qué enseña la Iglesia sobre la Santísima Virgen María?  ¿Qué debemos creer los Católicos sobre la Virgen?

Para saber esto, debemos conocer los Dogmas Marianos, es decir, las verdades que la Iglesia enseña sobre la Santísima Virgen, los cuales son de obligatoria creencia de los Católicos.

  .        La Inmaculada Concepción:   La Iglesia enseña que María fue concebida sin pecado original y que ella nunca pecó.  Inmaculada Concepción no significa la concepción por obra del Espíritu Santo de Jesús en  el vientre virginal de María.     (CIC #490-494)

.        María, Madre de Dios: Los Católicos creemos que María es realmente Madre de Dios.  No significa esto que María engendró la divinidad de su Hijo Jesús, sino que María es Madre de una Persona, que es a la vez Hombre y Dios.  

Así como con las madres humanas no se detienen a pensar si engendraron o no el alma de sus hijos, sino que todos sabemos que ellas son madres de una persona que es cuerpo y alma.  Aunque ellas no engendran el alma de sus hijos, son madres de toda la persona.  (CIC #495)

.        María siempre virgen:  Los Católicos creemos que María fue virgen antes, durante y después del parto.  Los no-Católicos se confunden con el hecho de que los Evangelios hablan de unos hermanos de Jesús, que en realidad eran sus parientes cercanos.  Los parientes son llamados hermanos en toda la Biblia, por no existir el término primo o sobrino.  Notemos, además, que la Biblia habla de unos hermanos de Jesús (que sabemos por referencia que son primos) pero no habla de otros hijos de María.  (CIC #499-507)

.        La Asunción:     La doctrina de la Asunción es un aspecto bien importante del credo católico.  Fue el último dogma declarado en la Iglesia en 1950 por el Papa Pío XII.  Significa que la Virgen María se encuentra en el Cielo en cuerpo y alma, gloriosa, como su Hijo.

6.      ¿Qué importancia tiene el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María en cuerpo y alma al Cielo?

La Asunción de la Virgen al Cielo es preludio de nuestra futura resurrección.  Cristo nos dijo que El nos resucitaría también a nosotros al final de los tiempos.  Pero el hecho de que María, ser humano como nosotros, ya esté en cuerpo y alma en el Cielo, es signo de esperanza indubitable para nosotros que esperamos llegar al Cielo y ser resucitados cuando Cristo vuelva en gloria a juzgar a vivos y muertos.

Además nos muestra qué debemos hacer para lograr nuestra salvación eterna y estar en el Cielo en cuerpo y alma: vivir como María, unidos a la Voluntad de Dios.  

¿Qué significa vivir en la Voluntad de Dios? 

1º.    Vivir cumpliendo sus Mandamientos.

2º.     Aceptando lo que El disponga para nuestra vida

3º      Tratando de hacer lo que creemos que El nos pide.

7.      ¿De dónde saca la Iglesia el poder de perdonar los pecados que también rezamos en el Credo?

Jesús perdonó los pecados a muchos, como vemos a lo largo del Evangelio.  Pero también confirió esa misión y ese poder a la Iglesia.  

La Iglesia tiene la misión y el poder de perdonar los pecados porque el mismo Cristo se lo ha dado: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23) (CIC-C #201). 

Confesión
Sacramento de la Confesión

Por eso los Sacerdotes pueden perdonar los pecados a los que se acerquen al Sacramento de la Confesión.  Los Sacerdotes pueden hacer esto porque Jesús los ha hecho partícipes de su poder divino del perdón de los pecados. 

La mayor muestra de la Omnipotencia de Dios es su Misericordia en el poder de perdonar los pecados.

Lo dijo Jesucristo al curar al paralítico y ser criticado secretamente por los maestros de la Ley:  “Qué es más fácil: decir ‘Queden perdonados tus pecados’ o ‘Levántate y anda’. Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados” (Mt. 9, 5-7).

Lo dice el Libro de la Sabiduría: “Tienes piedad de todos, porque todo lo puedes” (Sb. 11, 24)

Y esto lo corrobora la Liturgia de la Iglesia en una oración de la Santa Misa: “Dios manifiesta en grado máximo su Omnipotencia, perdonando y usando de su Misericordia”.

Así que, aunque nos impresionen y sobrecojan las muestras que conocemos del poder infinito de Dios, el perdonar nuestros pecados, sanar nuestra alma enferma a causa de éstos e irnos purificando de sus consecuencias para llevarnos a la santidad es la muestra máxima de la Omnipotencia Divina.

8.      ¿Qué posibilidades de perdón de los pecados tenemos en la Iglesia?

El Pecado Original se borra sólo con el Bautismo.  Si el que recibe el Sacramento del Bautismo es un adulto o un niño en uso de razón el Bautismo también borra los pecados cometidos por la persona que está siendo bautizada.

Después del Bautismo, los pecados graves sólo quedan perdonados en el Sacramento de la Confesión.  Bien examinada su conciencia, arrepentido de veras de sus pecados y con la intención de no volver a cometerlos, el penitente confiesa sus pecados al Sacerdote, quien se los perdona y suele imponer una pequeña penitencia.  Cumplidos estas 5 condiciones (examen de conciencia, arrepentimiento, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia), los pecados quedan perdonados.  Así de fácil!!!  Y gratis…

Los pecados no graves o veniales quedan perdonados mediante un buen arrepentimiento y también durante la Santa Misa, cuando nos arrepentimos en la Liturgia Penitencial y luego con la Sagrada Comunión.   Sin embargo, es conveniente también confesar los pecados veniales en el Sacramento de la Confesión, pues este Sacramento nos fortalece en la lucha contra el pecado.

9.         ¿Por qué hay que confesarse con un Sacerdote que es un hombre como cualquier otro?       

Ciertamente, el Sacerdote es un ser humano como cualquier otro, con todas sus debilidades, iguales o mayores que las de los demás. Es cierto. Pero resulta que tiene un poder especialísimo que le otorga -nada menos que Dios- para perdonar los pecados de todas las personas que se acerquen al Sacramento de la Confesión.

¿Y por qué ha de parecer esto tan extraño? Fijémonos en el funcionamiento de las autoridades de un país, de una ciudad, de un municipio. ¿No tiene poder para llevarnos presos o imponernos una multa un Policía? Es un hombre como cualquier otro, pero tiene la potestad hasta de privarnos de nuestra libertad.

Igualmente el Sacerdote es un ser humano como cualquier otro. Pero a él Dios le dio el poder de perdonar nuestros pecados: “A quienes les perdonen los pecados les quedan perdonados y a quienes no se los perdonen les quedan sin perdonar” (Jn. 20, 19-23).

¿Por qué cuestionar la forma como Dios dispuso las cosas para nuestro bien? ¿Qué pretendemos? ¿Que se nos perdone sin informar lo que deseamos nos sea perdonado?

Dios, que es infinitamente sabio y misericordioso, sabía que necesitaríamos de la catarsis que significa el poder dejar por completo la culpa en el Confesionario. Al decir los pecados al Sacerdote y oír las palabras del perdón, nuestra alma no sólo queda blanqueada de los pecados cometidos, sino liviana por ya no tener que cargar con el peso de la culpa.

   Adicionalmente, la Iglesia ha dispuesto que el Sacramento de la Confesión sea lo menos difícil posible: absolutamente secreto y sin mayores trabas.

   ¿Para qué, entonces, buscar motivos para seguir en pecado y cargando con el peso de la culpa, en vez de aprovechar la misericordia de Dios y sentirnos livianos, sin carga, en paz, al confesar los pecados al Sacerdote?

10.    ¿Qué sucede cuando morimos?

En el momento de la muerte nuestra alma se separa de nuestro cuerpo.  El alma es nuestra parte inmortal, es el principio vital del ser humano.  Por eso al separarse del cuerpo, sucede la muerte. 

El cuerpo entra en descomposición, pero el alma no muere, el alma continúa viviendo, en espera de reunirse de nuevo con su cuerpo en la resurrección, la cual tendrá lugar al Fin de los Tiempos.

Santa Teresa de Jesús decía: “Quiero ver a Dios y para verlo debo morir”.

11.    La muerte ¿es un final o es un comienzo?

Ambas cosas: es el final de nuestra vida en la tierra y el comienzo de una nueva vida, diferente.

La muerte puede compararse con nuestro nacimiento, pues es el nacimiento a una nueva vida.  Igual que el bebé estuvo 9 meses en el seno materno y en el alumbramiento o parto “muere” a la vida embrionaria y  pasa a una vida nueva, diferente, así la muerte es como un segundo nacimiento.

El bebé tiene una forma de vida dependiente en alimentación, oxigenación y crecimiento.  Al salir del vientre materno se encuentra con una forma de vida en que puede respirar e ingerir él mismo su alimento.  En la vida exterior el bebé tiene oportunidades de crecer, de conocer y de amar mucho más amplias que las que tenía dentro de su mamá.

Lo mismo cuando pasamos a la otra vida.  Nuestro cuerpo ha decaído por edad o por enfermedad o por un accidente.  Pero la muerte es un nuevo nacimiento.  En esa nueva vida también tenemos oportunidades de crecimiento, conocimiento y amor que superan inmensamente las que teníamos durante la vida en la tierra.

En la Liturgia de Difuntos de la Iglesia encontramos mejor y más claramente expresada la visión realista de la muerte.  Así reza el Sacerdote Celebrante en el Prefacio de la Misa de Difuntos: La vida de los que en Ti creemos, Señor, no termina, se transforma. 

12.    ¿Cómo sucede esa transición a la otra vida?

No hay datos absolutamente seguros, pero hay algunos indicios, pues ha habido personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte y que han vuelto a esta vida y nos han dejado sus testimonios. 

Las experiencias cercanas a la muerte están bien documentadas.  Muchas de las personas dicen haber entrado en un túnel oscuro que llegaba a una luz brillante, y se dirigían, fascinadas, hacia ese centro todavía lejano.  El sólo verlo despertaba una profunda añoranza de acercarse más, como la meta última.

Parecía que lo que habían anhelado y deseado toda su vida estaba focalizado y orientado hacia esa Luz.  Su percepción inmediatamente estaba acompañada de un profundo sentimiento de gozo.  Mientras se acercaban más a la Luz, el deseo de alcanzar la meta cada vez era más profundo e intenso.

Después de regresar de esta experiencia, muchas personas quedan marcadas por una nostalgia de esa Luz, por este Sol que identifican como a Dios, deseando ser mejores personas debido a que experimentaron la gracia de haber tenido contacto con Él.

13.    Muchas de esas personas con experiencia cercana a la muerte han referido que experimentaron una revisión de su vida.  ¿Qué creen ustedes que es eso que relatan?

Es el llamado Jucio Particular.  No sabemos si eso que refieren es sólo el comienzo del Juicio Particular, pero los testimonios nos ayudan a comprender cómo será el Juicio que recibiremos en el momento de la muerte. 

Los testimonios nos refieren que al salir de su cuerpo el alma ve una especie de película instantánea de los eventos de su vida.  Pareciera como que el tiempo quedara detenido, pues aunque las maniobras médicas para volverlos a la vida tomen sólo unos momentos, en esos breves instantes han podido examinar toda su vida. 

Así pues, el Juicio Particular consiste en una especie de radiografía o "scaneo" espiritual instantáneo que recibe el alma por iluminación divina, mediante la cual ésta sabe exactamente el estado en que le corresponde ubicarse para la eternidad, según sus buenas y malas obras.

Los Católicos, entonces, creemos que en el Juicio Particular conocemos de nuestro destino eterno.

14.    ¿Cuáles son las opciones que tenemos enseguida de la muerte y del Juicio Particular?

"Cada hombre después de morir recibe en su alma inmortal su retribución eterna en un juicio particular, bien a través de una purificación, bien para entrar inmediatamente en la bienaventuranza del Cielo, bien para condenarse inmediatamente para siempre" (CIC-#1022).

Aquí nos habla la enseñanza de la Iglesia de las opciones que tenemos para la eternidad: Cielo, Purgatorio o Infierno. De estas tres opciones la única que no es eterna es el Purgatorio, pues las almas que allí van pasan posteriormente al Cielo.

15.    ¿Qué es el Cielo?

Es un estado y un lugar de felicidad completa y eterna donde van las almas que han obrado conforme a la Voluntad de Dios en la tierra y que mueren en estado de gracia y amistad con Dios y perfectamente purificadas.

Describir el Cielo es imposible, pues somos seres finitos hablando de algo infinito.  Sin embargo, podríamos decir que el Cielo es el pleno y total disfrute y posesión de esa Luz que atrae y fascina al alma de manera infinita y que nos han reportado los que han tenido experiencias cercanas a la muerte.

16.    ¿Qué es el Purgatorio?

Es un estado de purificación por el que pasan las almas que han obrado bien, pero que aún deben ser purificadas de las consecuencias de sus pecados antes de entrar a la visión de Dios en el Cielo.

El Purgatorio es para limpiar el alma de los residuos que siempre deja el pecado y que no hayamos purificado en la tierra.

purgatorio
  El Purgatorio

      Y ¿cómo podemos purificar en la tierra? Mediante oraciones, sacrificios, buenas obras y el sufrimiento aceptado con valor redentor. 

Sólo los corazones limpios, purificados de todo rastro de pecado o tendencia al pecado podrán ver a Dios.   Por eso bien nos dijo Jesús: Felices los de corazón limpio, porque verán a Dios. (Mt 5, 8). 

Esa purificación indispensable para disfrutar de la Visión Beatífica es lo que los Católicos llamamos Purgatorio.

17.    ¿Qué es el Infierno?

Es un estado y un lugar de castigo eterno donde van las almas que se han rebelado contra Dios y mueren en esa actitud.

El Infierno es un destino terrible.  Es imposible imaginar el horror que es.  Lo peor para los condenados es el saber durante toda la eternidad que lo único que podía darles felicidad era el Amor de Dios, y que eso fue precisamente a lo que ellos se opusieron hasta su momento final.

¿A dónde quieres ir tú?

         Algunos santos han intentado describirnos lo que Dios les ha mostrado a ellos del Infierno. 

infierno

LA VISIÓN DEL INFIERNO DE LOS PASTORCILLOS DE FÁTIMA:
Nuestra Señora de Fátima dijo a los Pastorcillos:

–Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: “¡Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!”.   Al decir estas últimas palabras abrió de nuevo las manos como los meses anteriores.  El reflejo parecía penetrar en la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en este fuego los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que de ellas mismas salían, juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todo los lados, semejante a la caída de pavesas o chispas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. (Debe haber sido a la vista de esto que di aquel “ay” que dicen haberme oído.) Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa.

Asustados y como para pedir socorro levantamos la vista a Nuestra Señora, que nos dijo con  bondad y tristeza:

-Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores.  Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo, la devoción a mi Inmaculado Corazón.  Si hiciesen lo que os digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz".

(Tomado del Libro MEMORIAS DE LUCÍA)

VISIÓN DEL INFIERNO DE SANTA TERESA DE JESÚS  (Vida, Cap 32)

1. Después de mucho tiempo que el Señor me había hecho ya muchas de las mercedes que en otra parte he dicho, y otras muy grandes, estando un día en oración me hallé en un punto toda, sin saber cómo, que me parecía estar metida en el infierno. Entendí que quería el Señor que viese el lugar que los demonios allá me tenían preparado, y yo merecido por mis pecados. Ello fue en brevísimo espacio; mas aunque yo viviese muchos años, me parece imposible olvidárseme. Parecíame la entrada a manera de un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y oscuro y angosto. El suelo me pareció de agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor y muchas sabandijas malas en él. Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de un (cajón muy estrecho), adonde me vi meter. Todo (lo que había visto antes) era deleitoso a la vista en comparación de lo que allí sentí. 

2. (No puede describirse con palabras la más mínima concepción de este sitio de tortura), mas sentí un fuego en el alma que yo no puedo entender cómo poder decir de la manera que es. Los dolores corporales tan incomportables, que con haberlos pasado en esta vida gravísimos, y, según dicen los médicos, los mayores que se pueden acá pasar (porque fue encogérseme todos los nervios cuando me tullí, sin otros muchos de muchas maneras que he tenido, y aun algunos, como he dicho, causados del demonio), no es todo nada en comparación de lo que allí sentí y ver que habían de ser sin fin y sin jamás cesar. Esto no es, pues, nada en comparación del agonizar del alma, un apretamiento, un ahogamiento, una aflicción tan sensible y con tan desesperado y afligido descontento, que yo no sé cómo (describirlo). Porque decir que es un estarse siempre arrancando el alma, es poco; porque aún parece que otro os acaba la vida, mas aquí el alma misma es la que se despedaza. El caso es que yo no sé cómo (describir) aquel fuego interior y aquel desesperamiento sobre tan gravísimos tormentos y dolores. No veía yo quién me los daba, más sentíame quemar y desmenuzar, a lo que me parece, y digo que aquel fuego y desesperación interior es lo peor.

3. Estando en tan pestilencial lugar, tan sin poder esperar consuelo, no hay sentarse, ni echarse, ni hay lugar, aunque me pusieron en éste como agujero hecho en la pared, porque estas paredes, que son espantosas a la vista, aprietan ellas mismas, y todo ahoga, no hay luz, sino todo tinieblas oscurísimas. Yo no entiendo cómo puede ser esto, que con no haber luz, lo que a la vista ha de dar pena todo se ve. No quiso el Señor entonces viese más de todo el infierno; después he visto otra visión de cosas espantosas; de algunos vicios el castigo. Cuando a la vista, muy más espantosos me parecieron, mas como no sentía la pena, no me hicieron tanto temor; que en esta visión quiso el Señor que verdaderamente yo sintiese aquellos tormentos y aflicción en el espíritu, como si el cuerpo lo estuviera padeciendo. Yo no sé como ello fue, mas bien entendí ser gran merced y que quiso el Señor yo viese por vista de ojos de dónde me había librado su misericordia. Porque no es nada oírlo decir, ni haber yo otras veces pensado en diferentes tormentos (aunque pocas, que por temor no se llevaba bien mi alma), ni que los demonios atenazan, ni otros diferentes tormentos que he leído, no es nada con esta pena, porque es otra cosa.

TESTIMONIO DE SANTA FAUSTINA KOWALSKA SOBRE EL INFIERNO:

Hoy, un Ángel me llevó a los precipicios del Infierno. Es un lugar de grandes torturas. ¡Es impresionante el tamaño y la extensión del sitio!

He aquí los tipos de torturas que vi: la pérdida de Dios, el remordimiento de conciencia perpetuo, el saber que esa condición nunca va a cambiar, el fuego que penetra el alma sin destruirla; la permanente oscuridad y un terrible hedor que sofoca, pero, a pesar de la oscuridad, los demonios y las almas de los condenados se ven y ven toda la malignidad, propia y de los demás; la compañía constante de Satanás; la horrible desesperación, el odio a Dios, las palabras horrendas, las maldiciones y las blasfemias.

“Estas son las torturas que sufren en general todos los condenados, pero éste no es el fin del sufrimiento. Hay torturas especiales destinadas a las almas en particular. Son los tormentos de sus sentidos. Cada alma pasa por sufrimientos terribles e indescriptibles, relacionados con la manera en que han pecado. Que sepa el pecador que será torturado por toda la eternidad en aquellos sentidos que utilizó para pecar.

He recibido el mandato de Dios de dejar esto por escrito, para que ninguna alma pueda excusarse diciendo que no existe el Infierno ... Yo, la Hermana Faustina, por orden de Dios, he visitado los abismos del Infierno, para poder hablar a las almas sobre esto y para poder dar testimonio de su existencia.

Lo que he escrito es sólo una sombra pálida de las cosas que vi allí. Pero sí noté una cosa: que la mayoría de las almas que están allí son las que se han negado a creer en el Infierno.

 18.    ¿Por qué existe el Infierno si Dios es tan Bueno?

Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.  (CIC-C # 213).

¿Por qué existe el Infierno
si Dios es tan bueno?

Mientras vivimos en la tierra es tiempo de la Misericordia Divina. Dios nos perdona todas nuestras faltas -hasta las más graves- cometidas contra El, si nos arrepentimos, si nos confesamos.  

Según Santa Faustina, la Justicia de Dios y su Misericordia van a la par.  Mientras vivimos en la tierra Dios tiene detenida su Justicia para dar paso a su Misericordia.  No nos castiga como merecemos por nuestros pecados, ni castiga al mundo como merecen los pecados del mundo, sino que nos ofrece el abismo inmenso de su Misericordia infinita. Pero si no nos abrimos a su Misericordia antes de partir de este mundo, tendremos que atenernos a su Justicia.

19.    ¿Hay que prepararse para la muerte?

Sí.  Hay que estar siempre preparados, siempre listos para morir en cualquier momento.  No podemos confiarnos en esperar el último momento.

San Francisco de Sales recomendaba vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida en la tierra.  Pensar que en cualquier momento de cualquier día, puede sobrevenirnos el final: el momento de presentarnos ante Dios a dar cuenta de los pensamientos, palabras, obras y omisiones que tuvimos durante nuestra vida aquí en la tierra.

Estar preparados significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal.  «Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él» (2 Tm 2, 11). (CIC-C 206)  

20.    ¿Qué significa la resurrección de la carne?  ¿Qué es la carne?

La “carne” es nuestra parte física, decadente, mortal.  El término bíblico “carne” significa la debilidad y la mortalidad del ser humano. 

Notemos que Jesucristo tomó nuestra “carne”.  Es lo que significa el gran Misterio de la Encarnación.  Jesús se encarnó: se hizo “carne” para redimirnos.  Pero no nos redime sólo nuestra parte espiritual (el alma), sino que también redime nuestra parte corporal (la carne).

Jesús tiene Cuerpo y Alma.  Y eso no fue sólo durante una fase de su vida en la tierra, pues cuando Jesús se mostró resucitado, los discípulos pudieron ver las heridas de su Cuerpo.  Jesús sigue teniendo Cuerpo y Alma.

         Dios nos creó cuerpo (carne) y alma.  En el momento del fin del mundo, Dios no descarta la “carne” como si fuera un juguete viejo.  En el Último Día, El realizará la resurrección de la carne o resurrección de los muertos, cumpliendo así su promesa:  El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día (Jn 6, 54).   

La expresión «resurrección de la carne» significa que el estado definitivo del hombre no será solamente el alma espiritual separada del cuerpo, sino que también nuestros cuerpos mortales un día volverán a tener vida.  (CIC-C #203)

21.    ¿Cómo sucederá la resurrección?

La resurrección tendrá lugar en un instante. "Yo quiero enseñarles este misterio: aunque no todos muramos, todos tendremos que ser transformados, en un instante, cuando toque la trompeta (Ustedes han oído de la Trompeta que anuncia el Fin). Entonces, en un abrir y cerrar de ojos, los muertos se levantarán, y serán incorruptibles" (1a. Cor. 15, 51-52).

22.    ¿Cómo serán nuestros cuerpos resucitados?

Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy Yo mismo" (Lc.24,39); pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El todos resucitarán con su propio cuerpo, el que tienen ahora, pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp.3,21), "en cuerpo espiritual" (1 Cor.15,44) (CIC #999).

Nuestros cuerpos resucitados serán nuestros mismos cuerpos, pero en un nuevo estado: inmortales, sin defecto, ya no se corromperán, ni se enfermarán, ni se envejecerán, ni se dañarán, ni sufrirán nunca más. Serán cuerpos gloriosos.  Y seremos inmortales.

23.     ¿Qué es la vida eterna?

La vida eterna es la que comienza inmediatamente después de la muerte. Esta vida no tendrá fin; será precedida para cada uno por un juicio particular por parte de Cristo, juez de vivos y muertos, y será ratificada en el juicio final.  (CIC-C # 207).

La Vida Eterna comienza para cada uno en el momento de la muerte, pero continúa para siempre después del Fin de los Tiempos, en que tendrá lugar el Juicio Final y nuestra resurrección.

Así describe el Evangelio este momento y esta etapa:

No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz.   Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.  (Jn. 5, 28-29)

Esto quiere decir que todos resucitaremos -salvados y condenados- y que recibiremos el premio o castigo merecidos tanto en el alma, como en el cuerpo.

Ya para el momento del Juicio Final cesará el Purgatorio: las almas que estaban siendo purificadas ya pasan al Cielo en cuerpo y alma.

24.    ¿Cómo podemos ayudar a las almas del purgatorio en su purificación?

En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia, además de actos de virtud. (CIC-C #211)

25.    ¿Cómo será el Juicio Final?

El Juicio Final (Universal) consistirá en la sentencia de vida bienaventurada o de condena eterna que el Señor Jesús, retornando como Juez de vivos y muertos, emitirá respecto «de los justos y de los pecadores» (Hch 24, 15), reunidos todos juntos delante de sí.

Tras del juicio final, el cuerpo resucitado participará de la retribución que el alma ha recibido en el juicio particular. (CIC-C #214).

26.      ¿Cuándo tendrá lugar este juicio?

El Juicio Final sucederá al fin del mundo, del que sólo Dios conoce el día y la hora. (CIC-C #215).

¿Qué es el Juicio Final? ¿Cuándo será?

27.  ¿Qué significa el Amén, con el que concluye nuestra profesión de fe?

  La palabra hebrea Amén… significa nuestro «sí» confiado y total a cuanto confesamos creer.  (CIC-C #217).

Amén = Así sea.  Que todo lo que hemos rezado lo creemos de veras.

ORACION

Gracias, Señor,
porque has establecido
lo que llamamos
 la Comunión de los Santos.
Gracias porque no estamos solos:
tenemos tu Presencia en cada uno de nosotros si estamos en gracia,
pero tenemos, además, la compañía y ayuda de los Santos del Cielo,
especialmente la de tu Madre, que es también nuestra Madre.

Gracias porque nos muestras
tu Omnipotencia, Señor,

al perdonar nuestros pecados
–no importa cuán graves sean-

sólo requieres
nuestro arrepentimiento
y la Confesión.

Gracias porque has dado
tu poder de perdón a los Sacerdotes,

quienes nos perdonan
cada vez que nos confesamos.

Gracias por el Cielo
que nos tienes preparado.

Ayúdanos a no temer la muerte,
Jesús,

que es el paso a una vida nueva.
Que nuestra vida esté dedicada
a seguir tu Voluntad,

para que esa vida nueva
sea contigo en la gloria del Cielo.

Amén.

 

Versión resumida de esta lección

Temario
del
Curso

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Lección # 10
Felicidad y libertad

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