Catecismo de la Iglesia Católica

LECCION # 6

RESURRECCION Y ASCENSION
DE JESUCRISTO   

resurrección y ascención

1.      Rezamos en el Credo que Jesucristo fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos.   O sea que, después de morir, Jesucristo descendió a  “los infiernos”.  ¿Qué eran “los infiernos” a los que Jesucristo descendió?

De ninguna manera los infiernos a los que se refiere el Credo es el “Infierno” de la condenación.  Eso llamado los infiernos era la morada de los muertos justos.  Eran el sitio/estado en que se encontraban las almas de todos los justos que habían muerto antes de Cristo, pero no podían entrar al Cielo, pues las puertas del Cielo permanecieron cerradas hasta la Redención. 

¿Han pensado dónde estaría el alma de San José, por ejemplo, o la de Moisés, Abraham, etc.?  Estaban en ese sitio/estado esperando a su Redentor para poder acceder finalmente a la Visión Beatífica (visión de Dios).

Así que Jesucristo, después de haber vencido, mediante su propia muerte, a la muerte y al diablo “que tenía el poder de la muerte” (Hb 2, 14), Jesús liberó a los justos y les abrió las puertas del Cielo.

Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos (cf. 1 Pe 3, 18-19). (CIC #632)


2.    ¿Se puede ser cristiano sin creer en la Resurrección de Cristo?

La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo y es el misterio esencial de nuestra Fe. 

Resurrección
Resurrección de Jesús

Y si Cristo no resucitó, nuestra predicación no tiene contenido, como tampoco la fe de ustedes  (1 Cor 15, 14).


3.      ¿Qué significa que Jesús resucitó?

La Resurrección de Cristo no fue un retorno a la vida terrena como en el caso de las resurrecciones (mejor llamadas revivificaciones) que Él había realizado antes de Pascua: la hija de Jairo, el joven de Naím, Lázaro.  

Estos hechos eran acontecimientos milagrosos, pero las personas afectadas por el milagro volvían a tener, por el poder de Jesús, una vida terrena "ordinaria". En cierto momento, volverán a morir.

La Resurrección de Cristo es esencialmente diferente. En su cuerpo resucitado, pasa del estado de muerte a otra vida más allá del tiempo y del espacio. En la Resurrección, el cuerpo de Jesús se llena del poder del Espíritu Santo; participa de la vida divina en el estado de su gloria. (CIC #646)


4.    ¿Cómo fue que los discípulos empezaron a creer que Jesús había resucitado? 

Los discípulos, que estaban en shock, habían caído en la desilusión y perdido toda esperanza, comenzaron a creer en la Resurrección, porque pudieron ver a Jesús Resucitado de diferentes maneras después de su muerte.  Hablaron con El y lo vieron como un ser vivo.

Los sucesos que sucedieron en Jerusalén después de la Pasión y Muerte de Jesús no son una historia inventada.  

Después de la muerte de Jesús y de su aparente fracaso, algunos  discípulos estaban escondidos a puertas cerradas.  Otros huyeron, como nos narra San Lucas sobre aquellos dos que iban hacia Emaús y Jesús se les apareció por el camino.  Ellos le dijeron al Resucitado: Nosotros pensábamos que El sería el que debía libertar a Israel.  Pero todo está hecho, y ya van dos días que sucedieron estas cosas (Lc 24, 21).


Jesús con los discipulos camino a Emaús

Pero al irse encontrando con Jesús Resucitado, los discípulos quedaron libres de todos esos sentimientos y actitudes, y entonces tuvieron fe en Jesucristo, Señor de la vida y de la muerte.


5.    Pero ¿hay pruebas de la Resurrección de Jesús?
 

Pruebas en el sentido científico no las hay, porque ésta trasciende y sobrepasa la Ciencia.  Hay, sin embargo, testimonios personales y colectivos muy fuertes de parte de un buen número de testigos presenciales de los eventos posteriores a la Resurrección.

Están muchos registrados en la Biblia y tienen valor histórico.  El más antiguo de estos testimonios escritos sobre la Resurrección está en una Carta de San Pablo, la cual escribió unos 20 años después de la muerte de Cristo:

En primer lugar les he transmitido esto, tal como yo mismo lo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado; que resucitó al tercer día, también según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los Doce.  Después se dejó ver por más de quinientos hermanos juntos, algunos de los cuales ya han entrado en el descanso, pero la mayoría vive todavía.  Después se le apareció a Santiago, y seguidamente a todos los apóstoles. (1 Cor 15, 3-6)

San Pablo está recogiendo aquí lo que creía la comunidad cristiana a  dos o tres años de la Muerte y Resurrección de Cristo, precisamente en la época en que el mismo San Pablo se hizo Cristiano, al tener ese encuentro tan asombroso que tuvo con Jesús Resucitado:

Y se me apareció también a mí, iba a decir al aborto, el último de todos. Porque yo soy el último de los apóstoles y ni siquiera merezco ser llamado apóstol, pues perseguí a la Iglesia de Dios. (1 Cor 15, 8-9)


6.
    Estos son testimonios históricos, pero ¿hay testimonios físicos de la Resurrección?

Decíamos que no hay pruebas científicas de la Resurrección de Cristo, pero ésta trasciende y sobrepasa a la ciencia. 

Hay, sin embargo, objetos sagrados (reliquias) cuya autenticidad está demostrada -pues han sido bien estudiadas científicamente- que confirman la Resurrección de Cristo.


7.    ¿Cuáles son estas reliquias?

Es un hecho narrado en las Escrituras que las mujeres, luego Pedro y Juan, encontraron el sepulcro vacío y los lienzos en el suelo.

Estos lienzos son ¡nada menos! que la Sábana Santa que cubrió todo el cuerpo de Jesús hasta el momento que resucitó y el Sudario que cubrió su cara y que fue usado sólo para el traslado desde la cruz hasta el sepulcro.

La Sábana Santa es la que reposa en la Catedral de Turín (Italia), la cual tiene grabado el cuerpo de Cristo y ha sido sometida a diversas pruebas que aseguran su autenticidad: es la imagen de Cristo Resucitado. La dejó Jesús al traspasar con su cuerpo glorioso los lienzos que lo cubrían.

La Sabana Santa
La Sabana Santa

Y esto no lo dice sólo la Iglesia, lo han constatado muchos especialistas profanos, entre éstos, científicos que trabajan en la Agencia Espacial Norteamericana (NASA):  en la Sabana Santa quedó una imagen en negativo de un cuerpo sometido a las mismas torturas que, por los Evangelios, conocemos le inflingieron a Jesús. Y de este negativo los científicos de la NASA han sacado una fotografía de la cara de Jesús.

Uno de los estudiosos de esta santa reliquia del Resucitado, D. Venancio González, nos confiesa haber orado así:  “gracias porque dos mil años antes que el hombre inventara la fotografía has querido dejar tu Sagrado Rostro estampado en este lienzo, para que nosotros tengamos la dicha de ver la cara que tenías”.

Adicionalmente, un escultor italiano ha sacado una escultura con una copia de lo que pudo haber sido el cuerpo de Jesús en dimensiones reales.

La otra reliquia es el Sudario, que es un paño que cubrió la cabeza de Jesús en el traslado de la cruz al sepulcro.   Cuando sepultaron a Jesús, le quitaron el sudario y lo pusieron aparte.

El Santo Sudario
El Santo Sudario (Oviedo)

Este hecho lo vemos claro en el Evangelio de San Juan.  El fue el primero de los Apóstoles en llegar al sepulcro y encontrarlo vacío y he aquí lo que nos relata:

“Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro.  Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más que Pedro y llegó primero al sepulcro.  Como se inclinara, vio los lienzos tumbados, pero no entró.  Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos tumbados.  El sudario con que le habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar.  Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó.”  (Jn. 20, 3-7).

Es decir: en el momento de la resurrección el Sudario no estaba sobre la cara de Jesús. Por eso no tiene su imagen grabada como la Sábana Santa. Pero sí tiene sangre que es del mismo grupo que la sangre de la Sábana Santa: AB.

No es casualidad, entonces, la coincidencia en el tipo de sangre de la Sábana Santa y la del Sudario.  Más aún: no sólo coincide el tipo de sangre, sino que el DNA presenta en ambas reliquias perfiles genéticos similares.

Más detalles en:
Resurrección ¿Fe o Ciencia?


8.    
Cuando un detective va a averiguar un crimen, busca signos para ir tejiendo la trama del crimen.  ¿Qué signos creen ustedes atestiguan la Resurrección de Jesús?

El primer signo fue el sepulcro vacío.  Luego los lienzos: el sudario y la sábana con que habían envuelto su Cuerpo.

De todas las personas, Dios hizo que fueran mujeres quienes lo descubrieran, y a ellas les ordenó que informaran a los Apóstoles. 

El más joven de los Apóstoles, San Juan, al llegar al sepulcro vacío vio y creyó (Jn 20 8b). 

Pero la completa seguridad de que Jesús estaba vivo sólo la tuvieron después de las varias apariciones del Resucitado.  Esas apariciones cesaron después que Jesús ascendió al Cielo, pero a lo largo de la historia ha habido y siguen habiendo  encuentros con el Señor: Jesús está vivo.


9.     
Pero aún así, ha habido gente que ha dicho que la Resurrección de Jesús ha sido un invento.  Y esto desde el mismo momento de la Resurrección.  Veamos lo que escribe el Evangelista Mateo al respecto: 

Pasado el sábado, al aclarar el primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar el sepulcro.  De repente se produjo un violento temblor:  el Ángel del Señor bajó del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella.  Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve.  Al ver al Ángel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.  El Ángel dijo a las mujeres: «Ustedes no tienen por qué temer. Yo sé que buscan a Jesús, que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, pero vuelvan en seguida y digan a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se lo dije todo.»  Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los discípulos. (Mt 28, 1-8)

Unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado.  Estos se reunieron con las autoridades judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero para que dijeran: «Los discípulos de Jesús vinieron de noche y, como estábamos dormidos, se robaron el cuerpo.  Si esto llega a oídos de Pilato, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas.» Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho.  De ahí salió la mentira que ha corrido entre los judíos hasta el día de hoy. (hasta el momento en que se escribió este Evangelio) (Mt 28, 11-15).

¿Qué le dirías a los que creen que la Resurrección es un invento? 

Las apariciones de Jesús Resucitado a tantos, comenzaron por las mujeres que iban a embalsamar el cuerpo de Jesús (cf. Mc. 16, 1; Lc. 24, 1) y que, por instrucciones del Resucitado fueron las mensajeras de la noticia a los Apóstoles (cf. Lc. 24, 9-10). Esta noticia fue confirmada por la aparición de Cristo, primero a Pedro, después a los demás Apóstoles. Y es por el testimonio de Pedro que la comunidad de seguidores de Cristo exclama: “¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!” (Lc. 24, 34).

Ante éstos y muchos otros testimonios de apariciones del Resucitado, es imposible no reconocer la Resurrección de Cristo como un hecho histórico.

Pero, además, sabemos por los hechos narrados que la fe de los discípulos fue sometida a la durísima prueba de la Pasión y de la Muerte en cruz de Jesús.  Fue tal la impresión de esa muerte tan vergonzosa que -por lo menos algunos de ellos- no creyeron tan pronto en la noticia de la Resurrección.

Tengamos en cuenta que los Evangelios no nos muestran a un grupo de cristianos entusiasmados porque Cristo iba a resucitar o siquiera porque había resucitado.  Muy por el contrario, nos presentan a unos discípulos abatidos, confundidos y asustados. Por eso no le creyeron a las mujeres y “las palabras de ellas les parecieron puros cuentos” (Lc. 24, 11).

Tan imposible les parece el más grande milagro de Cristo, su propia Resurrección, que incluso al verlo resucitado, todavía dudan (cf. Lc. 24, 38), creen ver un espíritu (Lc. 24, 39).  Tomás ni siquiera acepta el testimonio de los otros diez (cf. Jn. 20, 24-27).

El escepticismo era tal, que en su última aparición en Galilea, en su despedida, algunos seguían dudando, según nos dice el mismo Mateo, uno de los doce. (cf. Mt. 28, 27)

  Por lo tanto, la hipótesis según la cual la Resurrección de Cristo habría sido producto de la fe o de la credulidad de los Apóstoles no tiene asidero.

Toda esta argumentación es basada en CIC # 639 a #647 y #656 y 657.


10.
   Mediante su Resurrección ¿Cristo vuelve al estado físico corporal que tuvo durante su vida terrena?

El Señor Resucitado permitió que los discípulos lo tocaran, comió con ellos y les mostró las heridas de su Pasión.  Sin embargo, su Cuerpo no pertenecía a esta tierra, sino al Reino eterno de su Padre.  (CIC # 645-646).

Su Cuerpo ya no estaba restringido al tiempo y el espacio. Se presentaba en una forma en que no podían reconocerlo de inmediato.  Así que su Resurrección no significó volver a la vida normal de la tierra, sino que entró a una nueva forma de ser. 

Pero Jesús resucitó con su mismo Cuerpo.  Lo afirma el Catecismo en dos sitios:

Jesús resucitado establece con sus discípulos relaciones directas mediante el tacto (cf. Lc 24, 39; Jn 20, 27) y el compartir la comida (cf. Lc 24, 30. 41-43; Jn 21, 9. 13-15).  Les invita así a reconocer que El no es un espíritu (cf. Lc 24, 39) pero sobre todo a que comprueben que el cuerpo resucitado con el que se presenta ante ellos es el mismo que ha sido martirizado y crucificado ya que sigue llevando las huellas de su pasión (cf Lc 24, 40; Jn 20, 20. 27). Este cuerpo auténtico y real posee sin embargo al mismo tiempo las propiedades nuevas de un cuerpo glorioso: no está situado en el espacio ni en el tiempo, pero puede hacerse presente a su voluntad donde quiere y cuando quiere (cf. Mt 28, 9. 16-17; Lc 24, 15. 36; Jn 20, 14. 19. 26; 21, 4) porque su humanidad ya no puede ser retenida en la tierra y no pertenece ya más que al dominio divino del Padre (cf. Jn 20, 17). Por esta razón también Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer como quiere: bajo la apariencia de un jardinero (cf. Jn 20, 14-15) o "bajo otra figura" (Mc 16, 12) distinta de la que les era familiar a los discípulos, y eso para suscitar su fe.  (cf Jn 20, 14.16: 21, 4.7.) (cf. Jn 20, 14. 16; 21, 4. 7).

Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy Yo mismo" (Lc 24, 39); pero El no volvió a una vida terrenal. (CIC #999)

¿Qué nos dice esto respecto de nuestra futura resurrección al final de los tiempos? 

Del mismo modo, en El "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora" (Cc de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44) (CIC #999).


11.   ¿Qué demuestra Jesús con su Resurrección?

Jesucristo demuestra que El es quien decía que era:  demostró que era Dios.

La verdad de la divinidad de Jesús es confirmada por su Resurrección. El había dicho: "Cuando hayáis levantado al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy" (Jn 8, 28). La Resurrección del Crucificado demostró que verdaderamente, Él era "Yo Soy", el Hijo de Dios y Dios mismo. (CIC #653)


12.    ¿Cómo cambió el mundo a consecuencia de la Resurrección?

Después de la Resurrección de Jesús, la muerte no es el fin de todo.  Con ella entraron la esperanza y el gozo al mundo, porque la muerte no tiene la última palabra.  

Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; desde ahora la muerte no tiene poder sobre Él (Rom 6, 9).

La Resurrección de Cristo -y el propio Cristo resucitado - es principio y fuente de nuestra resurrección futura (CIC #655). A esto se refiere San Pablo cuando escribe:  Cristo, "el primogénito de entre los muertos" (Col 1, 18);  es decir, que El es el primero en resucitar, pero también nosotros resucitaremos como El.

Así que la Resurrección de Jesús es la primicia de nuestra propia resurrección.   Si hemos muerto junto a Cristo, debemos creer que también viviremos con Él  (Rom 6, 8).


13.    ¿Qué significa cuando decimos que Jesús ascendió al Cielo?

En el Nuevo Testamento vemos que la Ascensión de Cristo señala el fin de cuarenta días durante los cuales el Señor Resucitado estuvo cerca de sus discípulos en forma especial:  se apareció unas cuantas veces durante este tiempo para reforzar su fe en su Resurrección, para fortalecerlos y para darles las instrucciones finales.

La Ascensión de Cristo al Cielo significa que Jesús ya no está de manera visible en la tierra, pero sin embargo está aún presente.

Ascensión de Jesús
Ascensión de Jesús al Cielo

Cristo subió a los cielos y se sentó a la derecha del Padre. Desde entonces el Señor reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios, intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro, nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al lugar que nos tiene preparado. (CIC-C 132)


14.    ¿Cómo fueron esos días?

 "Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios" (Mc 16, 19).  El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf.Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que Él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9;   Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde Él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; 7, 56; cf. también Sal 110, 1.  (CIC 659)

Ssma.Trinidad
Jesús sentado a la Derecha de Dios Padre


15.   ¿Qué significa que Jesucristo está sentado a la derecha del Padre?

Jesucristo existía desde toda la eternidad como la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, como Hijo de Dios, pero después de su Resurrección y Ascensión al Cielo, está en el Cielo también corporalmente con su cuerpo humano glorificado. (cf CIC #663).

El estar sentado a la derecha de alguien, es un simbolismo de poder.  Significa que, siendo Dios, Jesús tiene el mismo poder que el Padre.

Significa también que ha quedado inaugurado el reino del Mesías, que justamente Jesús vino a establecer.  

Los Apóstoles quedaron como testigos de ese “Reino que no tendrá fin”, que rezamos en el Credo largo.  Y después de los Apóstoles, todos nosotros somos testigos de la Resurrección y del Reino de Cristo, es decir, debemos dar testimonio de la Resurrección y colaborar en la extensión del Reino de Dios.


16.    ¿Qué sucederá antes de la Segunda Venida de Cristo? 

La Iglesia tendrá que pasar por una última prueba.

Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deberá pasar por una prueba final que sacudirá la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18, 8; Mt 24, 12). La persecución que acompaña a su peregrinación sobre la tierra (cf. Lc 21, 12; Jn 15, 19-20) desvelará el "Misterio de iniquidad" bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una solución aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a sí mismo colocándose en el lugar de Dios y de su Mesías venido en la carne (cf. 2 Te 2, 4-12; 1Te 5, 2-3;2 Jn 7; 1 Jn 2, 18.22). (CIC #675)


17.    ¿Cómo será y cómo no será la Segunda Venida de Cristo?

  En el momento de la Ascensión de Jesucristo al Cielo, cuando los Apóstoles y discípulos se quedaron extasiados viendo hacia donde había desaparecido el Señor entre las nubes, dos Ángeles se aparecieron para decirles: “Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al Cielo.” (Hech. 1, 9-11).

Para saber cómo será y cómo no será la Segunda Venida de Cristo, debemos detallar bien cómo fue la Ascensión de Jesucristo al Cielo.

¿Cómo lo vieron subir? Con todo el poder de su divinidad, glorioso, fulgurante y, ascendiendo, desapareció entre las nubes.

¿Cómo vendrá?  El anuncio de los Ángeles es clarísimo y corrobora anuncios previos hechos por Jesús mismo.  Se lo había anunciado a sus discípulos: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre. Verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con el Poder Divino y la plenitud de la Gloria. Mandará a sus Ángeles, los cuales tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo al otro del mundo” (Mt. 24, 30-31)

La segunda venida de Cristo
La Segunda Venida de Cristo en Gloria

Sin embargo han habido, hay y habrá muchos que querrán hacerse pasar por Cristo.  Y hay uno en especial, el Anticristo, que hará creer que él es Cristo. Entonces hay que estar prevenidos, pues Cristo vendrá glorioso con todo el poder de su divinidad, como los Apóstoles lo vieron irse.

Tengamos en cuenta que el Anticristo será un hombre que se dará a conocer como Cristo y con la ayuda de Satanás realizará milagros y prodigios, y engañará a muchos, pues desplegará un gran poder de seducción. He aquí la descripción que nos hace San Pablo:

  “Al presentarse este Sin-Ley, con el poder de Satanás, hará milagros, señales y prodigios al servicio de la mentira. Y usará todos los engaños de la maldad en perjuicio de aquéllos que han de perderse, porque no acogieron el amor de la Verdad que los llevaba a la salvación” (2 Tes. 2, 3-11).

Notemos por qué van a perderse:  porque no fueron fieles a la Verdad.  Al no permanecer en la Verdad, se desviaron del camino de la salvación.

Los datos sobre la Segunda Venida de Cristo son muy claros:  Cristo vendrá en gloria y de manera sorpresiva e instantánea… como un relámpago. El Anticristo no. Hará grandes prodigios, pero no puede presentarse como tenemos anunciado que vendrá Cristo en su Segunda Venida.  De allí que Jesús nos advierta:

“Les dirán: está aquí, está allá. No vayan, no corran”. (Lc. 17, 22-24)

“En efecto, cuando venga el Hijo del Hombre, será como relámpago que parte del oriente y brilla hasta el poniente” (Mt. 24, 23-28).


18.    ¿Cómo será el fin del mundo?

Cuando se acabe el mundo será la venida de Cristo en gloria, su Segunda Venida.  Es lo que se llama “parusía”, del griego que significa presencia personal.

Porque la victoria definitiva de Dios sobre el Mal será patente.  La Gloria, la Verdad, la Justicia de Dios brillarán de manera evidente.  Con la venida de Cristo en gloria habrá “cielos nuevos y tierra nueva”, y cesará todo sufrimiento, preocupación, dolor, angustia, porque todo lo viejo pasará y vendrá algo totalmente nuevo (cf. Ap 21, 4). 

Así expone el Catecismo este acontecimiento del fin de la historia:

Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y con el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios.  (CIC-C#134)

Cristo, el Señor, reina ya por la Iglesia, pero todavía no le están sometidas todas las cosas de este mundo. El triunfo del Reino de Cristo no tendrá lugar sin un último asalto de las fuerzas del mal. (CIC #680)

El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13). (CIC #677)


19.    ¿Cómo será el Juicio Final?

Cristo juzgará a los vivos y a los muertos con el poder que ha obtenido como Redentor del mundo, venido para salvar a los hombres. Los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y el prójimo. Todo hombre será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. (CIC-C#135)

El día del Juicio, al fin del mundo, Cristo vendrá en la gloria para llevar a cabo el triunfo definitivo del bien sobre el mal que, como el trigo y la cizaña, habrán crecido juntos en el curso de la historia. (CIC #681).

Cristo glorioso, al venir al final de los tiempos a juzgar a vivos y muertos, revelará la disposición secreta de los corazones y retribuirá a cada hombre según sus obras y según su aceptación o su rechazo de la gracia. (CIC #682).


20.    ¿Qué nos dice la Biblia del Juicio Final?

El anuncio de un Juicio Final está presente en muchas citas del Antiguo Testamento.  Allí vemos anunciado cómo Dios juzgará al mundo por el fuego (Is. 66, 16).  Reunirá a las naciones y se sentará a juzgar realizando la siega y la cosecha (Joel 4, 12-14).  El Profeta Daniel describe con imágenes impresionantes este juicio con el que concluye el tiempo y comienza el Reino eterno del Hijo del Hombre (Dn. 7, 9-12 y 26). El Libro de la Sabiduría muestra a buenos y malos juntos para rendir cuentas; sólo los pecadores deberán tener temor, pues los justos serán protegidos por Dios mismo (Sb. 4 y 5).

Cristo mismo varias veces nos habló de este momento, así :

Entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Mientras todas las razas de la tierra se golpeen el pecho verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo, con el Poder divino y la plenitud de la Gloria. Mandará a sus Ángeles, los cuales tocarán la trompeta y reunirán a los elegidos de los cuatro puntos cardinales, de un extremo a otro del mundo.” (Mt. 24, 30- 31).

“Cuando el Hijo del Hombre venga en su Gloria rodeado de todos sus Ángeles, se sentará en su Trono como Rey glorioso. Todas las naciones serán llevadas a su presencia, y como el pastor separa las ovejas de los machos cabríos, así también lo hará El. Separará unos de otros, poniendo las ovejas a su derecha y los machos cabríos a su izquierda” (Mt. 25, 32).

San Juan nos narra en el Apocalipsis la visión que tuvo del Juicio Final: “Vi un trono espléndido muy grande y al que se sentaba en él. Su aspecto hizo desaparecer el cielo y la tierra sin dejar huellas. Los muertos, grandes y chicos, estaban al pie del trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el Libro de la Vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo a lo que estaba escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras” (Ap. 20, 11-14).

De acuerdo a estas citas sabemos que:

1º. Cristo vendrá con gran poder y gloria, en todo el esplendor de su divinidad.

2º.  Cristo glorioso será precedido de una cruz en el Cielo (la señal del Hijo del Hombre).

3º.  Vendrá acompañado de los Ángeles.

4º.  Con su omnipresencia, todos los resucitados, de todas las naciones estarán ante Cristo Juez. Comparecerán delante del Tribunal de Dios todos los seres humanos, sin excepción, para recibir la recompensa o el castigo que cada uno merezca. En el Juicio Final vendrá a conocerse la obra de cada uno, tanto lo bueno, como lo malo, y aún lo oculto.

5º.  Ya resucitados todos, Cristo separará a los salvados de los condenados.


21.    ¿Qué cosas conoceremos en el Juicio Final?

En el Juicio Final se sabrá por qué permitió Dios el mal y cómo sacó mayores bienes.

Quedarán definitivamente respondidas las frecuentes preguntas: ¿Por qué Dios permite tanta injusticia? ¿Por qué los malos triunfan y los buenos fracasan? Mucho de lo que ahora en este mundo se considera tonto, negativo, incomprensible, se verá a la luz de la Sabiduría Divina.

El Juicio Final dará a conocer la Sabiduría y la Justicia de Dios. Se conocerá cómo los diferentes males y sufrimientos de las personas y de la humanidad los ha tornado Dios para Su gloria y para nuestro bien eterno.  

Ese día conocerá toda la humanidad cómo Dios dispuso la historia de la salvación de la humanidad y la historia de cada uno de nosotros para nuestro mayor bien, que es la felicidad definitiva, perfecta y eterna en la presencia de Dios en el Cielo.


22.    ¿Quiénes se salvarán?

Aquéllos que tienen fe en Jesucristo, nos dice el Evangelio.

Pero ¡ojo! tener fe en Jesucristo no significa solamente creer en que El es Dios y vino a salvarnos con su Pasión, Muerte y Resurrección.  Esto es indispensable.  Pero no basta.

 También es indispensable vivir de acuerdo a esa fe; es decir, siguiendo a Cristo en hacer la Voluntad del Padre, especialmente cumpliendo los Mandamientos.  Pero también aceptando su Voluntad para nuestra vida, teniendo confianza en El y sus designios para nosotros.

Para los que así hayan obrado, no habrá condenación.  Enseñaba el Papa Juan Pablo II:  “Sólo quien haya rechazado la salvación ofrecida por Dios con su misericordia ilimitada, se encontrará condenado, porque se habrá condenado a sí mismo”. (JP II, 7-7-99) Dios no predestina a nadie a ir al infierno (cf DS 397; 1567); para que eso suceda es necesaria una aversión voluntaria a Dios (un pecado mortal), y persistir en él hasta el final. (CIC #1037).

ORACION

Te alabamos, Jesús, Hijo de Dios,
que estás VIVO

porque resucitaste,
tal como prometiste hacerlo.

Gracias, Señor, porque te mostraste
a tus discípulos resucitado,

con tu Cuerpo glorioso,
el mismo que tenías
antes de tu muerte,

pero glorificado para siempre.

En tu Ascensión mostraste
que subías al Cielo,

para reinar para siempre
a la derecha del Padre
y con el Espíritu Santo.

Gracia porque nos has dado
el don de la fe

que nos capacita para creer
todas estas maravillas

que forman parte
del Magisterio
de la Iglesia Católica.

Un día sabemos que volverás
para juzgarnos a todos

en lo que se llama el Juicio Final.
No queremos temer ese momento: 
no tenemos por qué temer,

pues es el momento de nuestro encuentro definitivo contigo.

Tú nos has dicho qué debemos hacer para lograr la salvación,
 tu Iglesia lo ha enseñado claramente a lo largo de la historia,
y hoy a nuestra generación
nos lo presentas bien ordenado

en el Catecismo
de la Iglesia Católica,
que nos dejó el Papa Juan Pablo II

y que estamos estudiando en este año.

Sabemos que
después de esta vida en la tierra
nos espera el Cielo.

Eso es lo que Tú deseas
para cada uno de nosotros: 

que vivamos contigo
para siempre en tu Gloria.

Pero llegar a esa meta
tiene sus condiciones:

amarte, Señor, sobre todas las cosas
y hacer tu Voluntad.

Sabemos que eso no es tan difícil:  sólo hay que creer y querer,
aprovechando todas las gracias que Tú dispones para nuestra salvación.

De lo contrario,
podríamos perder la Vida Eterna,

porque ¡sí! el Infierno sí existe, aunque muchos digan lo contrario. 
Eso también es parte de tu Palabra
y de la enseñanza de tu Iglesia.

No permitas, Señor, que caigamos
en el camino de la perdición,

porque queremos vivir contigo
para siempre en tu Gloria.

Amén.

 

Versión resumida de esta lección

Temario
del
Curso


Siguiente:
Lección #7
Creo en el Esp.Sto. y la
Sta.Igl. Católica

buenanueva.net
imprimir en word
ir arriba homilia.org