EL PRIMER TEMPLO CATOLICO

Básilica de San juan de Letrán

La Liturgia nos lleva este día a un tema un tanto desconocido para la mayoría de los católicos.  Recordamos la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, en Roma.  ¿Y por qué esta conmemoración?  Porque esta Basílica fue el primer templo católico construido, y la Iglesia quiere celebrar este hecho.

¿Por qué?  Porque antes de San Juan de Letrán los cristianos, brutalmente perseguidos por su fe, tenían que celebrar sus liturgias en la clandestinidad de las catacumbas u otros sitios escondidos. Pero en las Lecturas de este día podemos descubrir otros significados relacionados con la Dedicación de este primer Templo de la Cristiandad. 

Estas nos hacen referencia a cuatro “templos”: 

1º.  Un templo material, representado en San Juan de Letrán y en cualquier otra Iglesia de culto católico.  Esta Basílica romana es considerada "Madre y Cabeza de toda las iglesias de la ciudad y del mundo".  Eso dice en su frontis.  Desde su dedicación el 9 de noviembre del año 324, cuando el Emperador Constantino la donó a la Iglesia y el Papa San Silvestre la consagró, es la Catedral del Obispo de Roma y residencia permanente de los Papas desde el tiempo de Constantino hasta el año 1304, cuando el Papa tuvo que huir de Roma. Al regreso del exilio de Avignon en 1376, San Pedro Vaticano fue escogido como la residencia permanente del Pontífice.  Ahora en Letrán vive el Vicario de Roma, o sea el Cardenal al cual el Sumo Pontífice encarga de gobernar la Iglesia de esa ciudad.

2º.  El segundo es el templo divino, Jesucristo, en quien “permanece toda la plenitud de Dios en forma corporal” (Col. 2, 9).  El templo de Jerusalén, para Jesús, “es la casa de su Padre”, y se indigna de que la conviertan en sitio de corrupción, por lo que, para purificarla, arroja de allí a los mercaderes traficantes de las ofrendas que los fieles debían presentar a los sacerdotes del Templo. Y cuando le piden una señal de autoridad para hacer tal cosa, responde: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”.  Nos dice este mismo texto evangélico que “hablaba del templo de su cuerpo” y que sus discípulos lo comprendieron después de la resurrección. (Jn. 2, 13-22)

3º.  El tercer templo somos nosotros, quienes como templos humanos, alojamos a Dios.  San Pablo nos define muy bien: “¿No saben ustedes que son templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?” (1 Cor. 3, 9-11 y 16-17).  Pero, para ser templos humanos en quienes Dios viva, la persona tiene que verdaderamente alojar a Dios, estando libre de pecado.  Es lo que se llama “estar o vivir en gracia”.

4º.  Se trata de un templo espiritual, al cual alude San Pedro, el primer Papa: “Son ustedes piedras vivas con las que se construye el Templo espiritual” (1 Pe. 2, 5).  Se refiere a la Iglesia, comunión de los cristianos en estado de gracia, unidos a Cristo y entre sí, formando el Cuerpo Místico de Cristo (cf. Rm. 12, 4-7;  1 Cor. 12, 12-27).

Ahora bien, cuando San Pablo escribía por el año 57 estas ideas sobre la Iglesia como un cuerpo, cuya cabeza es Cristo, o cuando hablaba de las personas como “templos de Dios”, los cristianos no podían hacer sus celebraciones en edificaciones consagradas como templos, debido a las persecuciones.   Sin embargo, el concepto de la Iglesia y de las personas como “templos” no era un mero consuelo por no poder tener templos, sino una realidad vivida.

La conmemoración de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán es, entonces, motivo de alegría para los católicos, pues ella fue el primer templo de la cristiandad.  Pero el templo de Dios vivo y verdadero debemos ser nosotros mismos, manteniéndonos unidos a Cristo, con su gracia, para formar su Cuerpo, la Iglesia que El fundó.

 

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