VOLVER A NACER

Nicodemo era un judío, perteneciente al grupo religioso de los Fariseos, que tenía una preocupación sincera por conocer la Verdad acerca de Dios y acerca de Jesús.  El era maestro de la Ley, pero quería aprender del verdadero Maestro.  De allí que un día fue de noche, a escondidas, a ver a Jesús, para aprender de El. (cf. Jn. 3, 1-9).    Tanto aprendió y tanto creyó en Jesús que fue uno de los pocos “valientes” que estuvo para el momento de la sepultura de Cristo (cf. Jn. 19, 39).

Nicodemo con Jesús y Espíritu Santo

En esa noche de enseñanza, Nicodemo le preguntó sorprendido a Jesús:  “¿Cómo puede volver a nacer un hombre ya viejo?” (Jn. 3, 4).  ¡Claro!  Tenía que sorprenderse:  el Maestro le acababa de decir nada menos que esto:  “En verdad te digo, nadie puede ver el Reino de Dios si no nace de nuevo, de arriba”.   Ante el asombro de Nicodemo, Cristo le explica:  “El que no renace del agua y del Espíritu Santo, no puede entrar en el Reino de Dios ... Por eso no te extrañes que te haya dicho que necesitas nacer de nuevo, de arriba” (Jn. 3, 3-7).

Y ¿qué es nacer de nuevo, de arriba?  Para entender esto, no hay más que ver a los Apóstoles antes y después de Pentecostés (cfr. Hech.  2, 1-11 y 5, 17-41).   Antes eran torpes para entender las Sagradas Escrituras y aún para entender las enseñanzas que recibieron directamente del Señor.  También eran débiles en su fe, deseosos de los primeros puestos y envidiosos entre ellos.  Eran, además, temerosos para presentarse como seguidores de Jesús, por miedo a ser perseguidos.

Pero luego de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, cambiaron totalmente:  se lanzaron a predicar sin ningún temor y llenos de sabiduría divina, con un poder de comunicación especial dado por el Espíritu Santo.  En el idioma que fuera necesario, llamaban a todos -judíos y extranjeros- a la conversión.  A los que creían en el mensaje de Jesucristo Salvador, los iban bautizando.  Así empiezan a formar nuevos discípulos y comunidades de cristianos, sin dejar de asistir a los necesitados. Los torpes de antes comienzan a actuar con la Sabiduría de Dios.  Los envidiosos de antes asumen cada uno el lugar que le corresponde en la Iglesia de Cristo. Los temerosos de antes sufren persecuciones y llegan incluso hasta el martirio.

Así comenzó la primera evangelización. Ahora en nuestros días debemos realizar una “nueva evangelización”.  Pero para eso necesitamos ser transformados por el Espíritu Santo, como los Apóstoles en Pentecostés.

Para eso tenemos que “volver a nacer”; es decir, tenemos que nacer del Espíritu Santo.  Quien ha nacido del Espíritu Santo se da cuenta de que Dios es lo más importante en su vida, se da cuenta de que quiere vivir para Dios y para lo que El le indique, se da cuenta de que, aunque se ocupe de todo lo que tiene que ocuparse (trabajo, estudios, familia, amigos, etc.) toda su vida está centrada en Dios y hacia Dios va para su encuentro definitivo con El, que tendrá lugar al fin de los tiempos o nos llega en el momento de nuestra muerte.

¿Cómo volver a nacer?  ¿Cómo nacer del Espíritu Santo? ¿Cómo puede suceder esa trasformación?

Veamos qué hicieron los Apóstoles.  En primer lugar creyeron y obedecieron el anuncio del Señor:  “No se alejen de Jerusalén, sino que esperen lo que prometió el Padre, de lo que Yo les he hablado:  que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días” (Hech. 1, 4-5).

Pentecostés con María en el centro

En segundo lugar perseveraban en la oración junto con María, la Madre de Jesús. (cf. Hech. 1, 14).   El secreto es la oración,  la oración con la Santísima Virgen María, como los Apóstoles en Pentecostés.  Para “volver a nacer” hay que creer en Dios, obedecerlo y orar.  Así “seremos bautizados en el Espíritu Santo”.  Que así sea.

 

Regalos del Espíritu Santo

y
¿Cómo actuar ante los Carismas del Espíritu Santo?

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