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“Yo soy Yahvé y Yo soy el único
Salvador” (Is. 43, 11), nos dice el Señor por boca del
Profeta Isaías. Cabe, entonces, preguntar: ¿existe salvación
fuera de Cristo, existe salvación fuera de la Iglesia fundada por
Jesucristo? Este tema es siempre de actualidad.
El Papa, Juan Pablo II quiso tocar este importante
asunto para enfrentar “ideas y opiniones erróneas y confusas
… que tienden a desconocer a Cristo como Salvador único y
universal, y a disminuir la necesidad de la Iglesia de Cristo para la
salvación.
Nos dijo que es erróneo considerar a la
Iglesia como un camino de salvación, que necesitaría de
otras religiones que serían complementarias a la Iglesia. Y pedía
que se excluyera una cierta mentalidad que piensa que da lo mismo cualquier
religión.
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Jeucristo funda
su Iglesia |
El Papa nos aseguraba la “unicidad
y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia que El fundó.
En efecto, el Señor Jesús constituyó su Iglesia como
realidad salvífica: como su Cuerpo, mediante el cual El mismo actúa
en la historia de la salvación ... El Concilio Vaticano II dice
al respecto: ‘El santo Concilio, basado en la Sagrada Escritura
y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina
es necesaria para la salvación’”(LG, 14)”.
El Papa Benedicto XVI ha profundizado estos argumentos:
“Cristo ha constituido en la tierra una sola Iglesia. Ella continuará
existiendo en el curso de la historia y solamente en ella han
permanecido y permanecerán todos los elementos instituidos por
Cristo mismo. Esta es la única Iglesia de Cristo”.
Sin embargo, también nos recuerdan ambos
Papas el valor salvífico que puedan tener “comunidades eclesiales”
cristianas y no-cristianas, ya que el Concilio Vaticano II dice que “los
no cristianos pueden ‘conseguir’ la salvación eterna
‘con la ayuda de la gracia’ si ‘buscan a Dios con sincero
corazón” (LG, 16). Pero en su búsqueda sincera de
la verdad de Dios están de hecho ‘ordenados’ a Cristo
y a su Cuerpo, la Iglesia. Y, de todos modos, se encuentran en
una situación deficitaria si se compara con la de los que en la
Iglesia tienen la plenitud de los medios salvíficos”
(JP II, 28-1-2000).
La salvación ya fue realizada por Jesucristo.
Pero todos nosotros debemos acogernos a la salvación que El nos
ha regalado. ¿Cómo? Sabiéndonos y sintiéndonos
necesitados de esa salvación. No podemos pretender salvarnos nosotros
mismos. Está descartada la auto-redención. Todos somos pecadores
... sin excepción. Todos necesitamos del perdón y de la
redención que nos trae Cristo con su obra salvadora.
Por eso al paralítico de Cafarnaún
-a aquél que, no pudiendo hacerlo entrar por la puerta del sitio
donde se encontraba Jesús, lo bajaron en su camilla por un agujero
que abrieron en el techo y lograron colocarlo frente al Señor-
lo primero que Cristo le dice es: “Hijo, tus pecados te quedan
perdonados”. Luego, para demostrar el poder de Dios de perdonar
los pecados, le dijo “Levántate, toma tu camilla y vete
a tu casa”. Y así fue.
“¡Nunca habían visto una
cosa igual!” (Mc. 2, 1-12).
El pecado nos hace paralíticos y nos impide
andar por el camino de la salvación que nos lleva a la Vida Eterna.
Cristo nos quiere perdonar. Aprovechemos las gracias o medios salvíficos
que, como nos recordaba el Papa Juan Pablo II, en la Iglesia Católica
existen a plenitud. Entre éstos, la Confesión Sacramental,
que no existe en otras religiones. ¡Qué maravilloso regalo
nos dejó el Señor con este Sacramento! Arrepentirnos, dejar
el peso de nuestros pecados en el confesionario … Y sabernos genuinamente
perdonados, cuando el Sacerdote levanta su mano para la absolución.
¿Por qué seguir paralíticos,
si Jesús nos espera en el confesionario, para limpiarnos de pecado
y ponernos a andar nuevamente por el camino de la salvación?
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