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Una de las frases más duras de Jesús
fue “No todo el que diga ‘Señor, Señor’
entrará en el Reino de los Cielos”. En el Evangelio
(Mt. 7, 21-27) Jesús contrasta el cumplimiento de la Voluntad
del Padre con la oración que es vacía e hipócrita.
Y continúa el Señor con una parte
más fuerte aún: “Yo les diré en su cara:
‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los
que han hecho el mal’”.
Notemos que nos advierte que no todos los que digan
Señor, Señor entrarán. Significa que algunos sí
podrán entrar ... pero otros no. ¿Cuál es la diferencia?
Unos adoran a Dios, otros no.
Los que podrán entrar será seguramente
porque en esa oración, reconocen a Dios como “Señor”.
Lo que le dicen, lo dicen con sinceridad y queriendo significar lo que
dicen. Eso es adorar a Dios. Lo demás son palabras
falsas.
Para orar así, hay que decirlo con sinceridad
-y significando lo que decimos. Hay que reconocer a Dios como “Señor”,
y decirlo con convicción, porque sabemos que El es eso: “Señor”,
Dueño, Jefe. Y nosotros lo seguimos, lo obedecemos, aceptamos su
Voluntad y hacemos su Voluntad.
Esa es la condición: “entrará
el Reino de los Cielos el que cumpla la Voluntad de mi Padre que
está en los cielos”. Los que recen con palabras vacías,
sin significar y ejecutar lo que dicen, no podrán entrar. Así
de simple y así de fuerte.
Pero hay que ver otro aspecto en las palabras de
Jesús: también contrapone el cumplimiento de la Voluntad
del Padre al ejercicio de falsos carismas. Carismas muy impresionantes
-por cierto- como son el de expulsar demonios y el de realizar milagros.
Seguramente se refiere el Señor a toda esa
gama de milagreros, brujos, psíquicos, astrólogos que han
proliferado mucho en la actualidad y que -mal usando el nombre de Jesús
... usurpando ese Nombre sagrado- engañan con curaciones aparentes,
predicciones tontas, ofertas irreales, eliminación del sufrimiento,
falsa paz ... y hasta números ganadores en el negocio del juego,
etc. etc. etc.
Con ésos será el Señor muy
duro. Lo advierte en este Evangelio: “Aquel día muchos
me dirán: ‘¡Señor, Señor!’, ‘¿no
hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu
nombre, muchos milagros?’ Entonces yo les diré en su cara:
‘Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los
que han hecho el mal’”.
Esa será la ventura de estos falsos profetas
de nuestro tiempo y los de todos los tiempos de la historia de la humanidad.
Siempre los ha habido. Pero ... ¿y a los que se hayan dejado llevar
por sus engaños malignos? ¿Cuál será su ventura?
Muchas otras veces la Sagrada Escritura nos advierte
sobre estos engaños y cómo ofenden a Dios. Caer en eso es
ser cómplice del Mal, es caer en las redes del Enemigo de Dios.
Pero la respuesta más simple está en este mismo Evangelio:
“no entrará al Reino de los Cielos sino el que cumpla
la Voluntad de mi Padre”. Es muy simple. Se trata de cumplir
en todo la Voluntad de Dios. Y caer en esas falsedades malignas no
es cumplir la Voluntad de Dios.
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