CIEGOS QUE VEN

El título se refiere a la advertencia que hace el Señor después de que cura milagrosamente al ciego de nacimiento: “Yo he venido a este mundo para que se definan los campos: para que los ciegos vean y los que ven queden ciegos” (Jn. 9, 1-41). Y San Pablo nos da el significado espiritual de la ceguera y de la recuperación de la vista: la oscuridad en que vivía el ciego representa las tinieblas del pecado, la oscuridad causada por la ausencia de la gracia de Dios. Y la luz que entra en la vista del ciego recién sanado por el Señor es la vida de Dios en nosotros; es decir, la gracia (Ef. 5, 8-14).

En todas las curaciones hechas por Jesús lo más importante era la sanación que ocurría en el alma del enfermo: su curación tenía una profunda consecuencia espiritual. El Señor no hace una sanación física, sin tocar profundamente el alma.

Sin embargo, sabemos que no todo enfermo es sanado. ¿Significa que la enfermedad es un mal? ... Mientras dure el mundo presente, seguirán habiendo enfermedades, las cuales, ciertamente son una de las consecuencias del pecado original de nuestros primeros progenitores. Pero Jesús, con su Pasión, Muerte y Resurrección, le dio valor redentor a las enfermedades -y a todo otro tipo de sufrimiento.

Es decir, el sufrimiento bien llevado, aceptado en Cristo, sirve para santificarnos y para ayudar a otros a santificarse. No es que sean fáciles de llevar las enfermedades -sobre todo algunas de ellas- pero son oportunidades para unir ese sufrimiento a los sufrimientos de Cristo y darles así valor redentor, como tuvieron los sufrimientos del Señor.

Pero las enfermedades más graves no son las del cuerpo, sino las del alma. De allí que la sanación fundamental sea la sanación interior. Esta puede darse, habiéndose sanado el cuerpo o no. ¡Cuántos enfermos no hay que se santifican en su enfermedad! ¡Cuántos santos no hay que se han hecho santos a raíz de una enfermedad o durante una larga enfermedad!

En el caso del ciego de nacimiento, el cambio más importante se realiza en su alma. Después de resistir las críticas y las presiones de que fue objeto, respondiendo a todas las dudas y objeciones que le hacían los fariseos con una simplicidad y precisión impresionantes, termina este hombre postrándose ante Jesús, reconociéndolo como el Hijo de Dios, en cuanto Jesús le revela Quién es El. El ciego -que ya no lo es- cree en Jesús y confía en El.

Pero el Señor nos advierte que podríamos nosotros ser ciegos, aunque creamos que estamos viendo. Podría sucedernos que no dejamos al Señor sanarnos, pues ya creemos que sabemos todo, que estamos viendo todo bien, y preferimos quedarnos en una luz que no es luz, sino que es oscuridad.

El Señor también habla de “definición de campos”. ¿Cuáles son esos campos? Luz y tinieblas. Dios y demonio. Gracia y pecado. Seguir a Cristo no es solamente creer en El, sino actuar como El; es decir, en total acuerdo con la Voluntad del Padre. Así, haciendo sólo lo que es la Voluntad de Dios, pasaremos de la oscuridad de nuestra ceguera a la Luz de Cristo, para ser nosotros también luz en este mundo tan oscuro de las cosas de Dios y tan ciego para verlas.

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