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Desde que Jesús vino al mundo como Dios
verdadero y como Hombre también verdadero, podemos decir con San
Pablo (Flp. 4, 4-7) que “el Señor está
cerca”, porque cada día que pasa nos acerca más
a la venida del Señor.
Entonces ... ¿qué hacer? San Pablo
también nos responde: “No se inquieten por nada; más
bien presenten sus peticiones a Dios en la oración y la súplica,
llenos de gratitud”. La oración es, sin duda, un ingrediente
importantísimo de entre las cosas que hemos de hacer para prepararnos
a la venida del Señor. Y el Apóstol nos asegura que, siguiendo
su consejo, “la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia,
custodiará nuestros pensamientos y nuestros corazones en el conocimiento
y el Amor de Cristo Jesús”.
Sin temor, en confianza en Dios, en oración
seremos preservados en la Paz y en el conocimiento y la entrega a Dios
nuestro Señor.
Pero ¿qué más hacer? Con la
oración como punto de partida, sostenida por los Sacramentos, especialmente
la Confesión y la Comunión frecuentes, debemos realizar
el ideal del cristiano que Jesús nos vino a traer y que conocemos
de sobra.
Sin embargo, es bueno recordar en este tiempo de
Adviento a un personaje muy central de esta temporada preparatoria a la
Navidad. Se trata de San Juan Bautista, el precursor del Mesías.
El era primo de Jesús, recibió el Espíritu Santo
aun estando en el vientre de su madre, cuando la Santísima Virgen
la visitó enseguida de la Encarnación del Hijo de Dios.
Llegado el momento, San Juan Bautista comenzó su predicación
para preparar el camino del Señor; es decir, para ir preparando
a la gente a la aparición pública de Jesús.
Y al Bautista le preguntaban “¿qué
debemos hacer?” (Lc. 3, 10-18). Y él les daba ya un
programa justicia y caridad que parecía un preludio del mandamiento
del amor que Jesús nos traería. “Quien tenga dos
túnicas que dé una al que no tiene ninguna, y quien tenga
comida, que haga lo mismo”.
A los publicanos, funcionarios públicos
les decía: “No cobren más de lo establecido, sino
conténtense con su salario”. A los soldados: “No
extorsionen a nadie, ni denuncien a nadie falsamente”.
Ahora bien, como el pueblo estaba en espera del
Mesías, pensaban que este hombre tan especial pudiera ser el que
esperaban. Pero San Juan Bautista aclaraba: “Viene otro más
poderoso que yo”, en clara referencia al Hijo de Dios, su primo
Jesús.
Ahora bien, siguiendo la tónica del Adviento,
este tiempo preparatorio a la Navidad, las lecturas nos llevan de la primera
a la segunda venida del Salvador. El mismo Precursor del Señor
nos habla no sólo de la aparición pública del Mesías
allá en Palestina hace poco más de dos mil años,
sino que también nos habla de su segunda venida: “El
tiene el bieldo en la mano para separar el trigo de la paja; guardará
el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no se
extingue”.
Clarísima alusión al fin del mundo,
cuando Cristo separará a los buenos de los malos: unos irán
al Cielo y otros al Infierno, al fuego que no se extingue.
De manera que la Navidad o primera venida del Mesías,
continúa siendo un recordatorio de su segunda venida. Que la venida
del Señor esta Navidad no sea inútil, de manera que la celebración
de su primera venida nos ayude a prepararnos a su venida final en gloria,
para ser contados como trigo y no como paja.
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