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En el artículo anterior escribíamos
sobre nuestra futura inmortalidad, cuando resucitaremos con “cuerpo
espiritual”. ¿Cuándo sucederá esto? El Catecismo
de la Iglesia Católica nos lo responde: “Sin duda, en el
último día, al fin del mundo. En efecto, la resurrección
de los muertos está íntimamente ligada a la Parusía
o Segunda Venida de Cristo” (#1.001).
Las imágenes de los textos evangélicos
del Fin de los Tiempos ( Lc. 21, 5-19) tal vez nos resultan un
poco incómodas. Pero es el mismo Jesucristo quien nos las da para
alertarnos, para que estemos siempre preparados.
El día final Cristo vendrá a poner
las cosas en su lugar. En la vida presente, y sobre todo en nuestro mundo
actual, pareciera que el Mal venciera sobre el Bien, pareciera que los
que no viven de acuerdo a Dios viven más tranquilos y hasta más
felices. Sin embargo ese día, a cada uno le tocará lo que
haya merecido con su conducta en esta vida. “Ya viene el día
del Señor ardiente como un horno”. Para unos ese horno
“los consumirá como paja”. Pero para “los
que temen al Señor, brillará el Sol de Justicia y les traerá
la salvación en sus rayos” (Mlq. 3, 19-20).
En el trozo del Evangelio de San Lucas se mezclan
anuncios sobre el fin del mundo con la caída de Jerusalén
y la destrucción del Templo –hechos que ya sucedieron 40
años después de la muerte de Jesucristo. Los Apóstoles
le preguntan cuándo iban a suceder estas cosas. Y el Señor
les da algunas señales:
1.) Muchos tratarán de hacerse pasar por
Cristo.
2.) Sucederán guerras y revoluciones que
no son aun el final.
3.) Se levantará una nación contra
otra y un reino contra otro.
4.) Terremotos, epidemias y hambres.
5.) Señales prodigiosas y terribles en
el cielo.
6.) Persecuciones y traiciones para los cristianos.
Señales adicionales que completan el cuadro
final aparecen en otros textos de la Sagrada Escritura:
1.) El Evangelio habrá sido predicado en
todo el mundo.
2.) La mayor parte de la humanidad habrá
perdido la fe y estará imbuida en las cosas del mundo.
3.) La humanidad estará muy parecida a
los días de Noé.
4.) Se manifestará el anti-Cristo, que con
el poder de Satanás realizará prodigios con los que pretenderá
engañar a toda la humanidad.
Otros textos nos hacen saber cómo volverá
Jesucristo: primeramente aparecerá en el cielo su señal
-la cruz-; vendrá acompañado de Angeles y aparecerá
con gran poder y gloria. No así el impostor, el Anti-cristo (cf.
Hch. 1,11y Mt. 24, 30-31).
Concluye el Señor su relato sobre el Fin
de los Tiempos así: “Fíjense en la higuera y en
los demás árboles. Cuando ustedes ven los primeros brotes,
saben que está cerca el verano. Así también, cuando
vean las señales que les dije, piensen que está cerca el
Reino de Dios ... Estén alertas para que no les
sorprenda este día ... Por eso estén vigilando y orando
en todo tiempo, para que se les conceda escapar de todo lo que
debe suceder y puedan estar de pie delante del Hijo del Hombre”
(Lc. 21, 28-38).
Oración y vigilancia es
lo que nos pide el Señor al relatarnos el Fin de los Tiempos: orar
y actuar como si hoy -y todos los días- fueran el último
día de nuestra vida terrena.
Lo importante no es saber el cómo. Lo importante
no es saber el cuándo. Lo importante es estar siempre preparados.
Lo importante es vivir cada día como si fuera el último
día de nuestra vida en la tierra.
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