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“Voy a realizar algo nuevo”. Eso nos promete el Señor por boca del Profeta Isaías (Is. 43, 18-25). Se refiere a su obra salvadora, pues versículos antes se lee: “Yo soy Yahvé y Yo soy el único Salvador” (Is. 43, 11). Cabe, entonces, preguntar: ¿existe salvación fuera de Cristo, existe salvación fuera de la Iglesia fundada por Jesucristo? Este tema es siempre de actualidad. El Papa, Juan Pablo II quiso tocar este importante tema para enfrentar “ideas y opiniones erróneas y confusas … que tienden a desconocer a Cristo como Salvador único y universal, y a disminuir la necesidad de la Iglesia de Cristo para la salvación. Tal es el caso, comentaba el Papa, de algunos que piensan y predican un supuesto “carácter limitado de la revelación de Cristo, que encontraría un complemento en las demás religiones”. como si la verdad sobre Dios no pudiera ser captada y manifestada en su totalidad por ninguna religión, tampoco por el cristianismo y, ni siquiera, por el mismo Jesucristo. Nos dijo que es erróneo considerar a la Iglesia como un camino de salvación, que necesitaría de otras religiones que serían complementarias a la Iglesia. Y pide que se excluya una cierta mentalidad que piensa que da lo mismo cualquier religión. El Papa nos asegura la “unicidad y universalidad salvífica de Cristo y de la Iglesia que El fundó. En efecto, el Señor Jesús constituyó su Iglesia como realidad salvífica: como su Cuerpo, mediante el cual El mismo actúa en la historia de la salvación ... El Concilio Vaticano II dice al respecto: ‘El santo Concilio, basado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación’”(LG, 14)”. Sin embargo, también nos recuerda el Papa que el Concilio Vaticano II dice que “los no cristianos pueden ‘conseguir’ la salvación eterna ‘con la ayuda de la gracia’ si ‘buscan a Dios con sincero corazón” (LG, 16). Pero en su búsqueda sincera de la verdad de Dios están de hecho ‘ordenados’ a Cristo y a su Cuerpo, la Iglesia. Y, de todos modos, se encuentran en una situación deficitaria si se compara con la de los que en la Iglesia tienen la plenitud de los medios salvíficos” (JP II, 28-1-2000). La salvación ya fue realizada por Jesucristo. Pero todos nosotros debemos acogernos a la salvación que El nos ha regalado. ¿Cómo? Sabiéndonos y sintiéndonos necesitados de esa salvación. No podemos pretender salvarnos nosotros mismos. Está descartada la auto-redención. Todos somos pecadores ... sin excepción. Todos necesitamos del perdón y de la redención que nos trae Cristo con su obra salvadora. Por eso al paralítico de Cafarnaún -a aquél que, no pudiendo hacerlo entrar por la puerta del sitio donde se encontraba Jesús, lo bajaron en su camilla por un agujero que abrieron en el techo y lograron colocarlo frente al Señor- lo primero que Cristo le dice es: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Luego, para demostrar el poder de Dios de perdonar los pecados, le dijo “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa”. Y así fue. “¡Nunca habían visto una cosa igual!” (Mc. 2, 1-12). El pecado nos hace paralíticos y nos impide andar por el camino de la salvación que nos lleva a la Vida Eterna. Cristo nos quiere perdonar. Aprovechemos las gracias o medios salvíficos que, como nos recuerda el Papa, en la Iglesia Católica existen a plenitud. Entre éstos, la Confesión Sacramental, que no existe en otras religiones. ¡Qué maravilloso regalo nos dejó el Señor con este Sacramento! Arrepentirnos, dejar el peso de nuestros pecados en el confesionario … Y sabernos genuinamente perdonados, cuando el Sacerdote levanta su mano para la absolución. ¿Por qué seguir paralíticos, si Jesús nos espera en el confesionario, para limpiarnos de pecado y ponernos a andar nuevamente por el camino de la salvación? |
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| Punto
4: "¿Da lo mismo cualquier religión?"
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