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¿Puede realizarse la aparente contradicción
planteada en el título? ¿Perder para ganar? Sí puede
ser así, pues es lo que el Señor nos propone cuando nos
advierte que quien pretenda conservar su vida la perderá, pero
quien la entregue la conservará.
Ya próximo a su Pasión, ya en Jerusalén
donde iba a ser entregado para su Muerte en la cruz, Jesús informó
a sus discípulos y a algunos seguidores, lo que estaba a punto
de suceder, agregando que después de “ser levantado de
la tierra”, su Reino se extendería a todos, porque iba
a ser arrojado el príncipe de este mundo (el Demonio) ... y El,
a través de su muerte en cruz y por la gloria de su Resurrección,
atraería a todos hacia El. Palabras de esperanza y seguridad para
todos los que nos dejamos “atraer” por El, por su doctrina
y por su ejemplo.
Palabras también de compromiso, porque “dejarnos
atraer por El” significa seguirlo en todo ... como El reiteradamente
nos pide. Y “seguirlo en todo” significa seguirlo también
en la muerte. Por supuesto esto no significa que todos tengamos que morir
en una cruz como El. Tampoco significa que todos tengamos que sufrir un
martirio violento -como algunos sí lo han tenido. Significa más
bien ese “morir” cada día a nuestro propio yo. Significa
ese “perder la vida” que Jesús nos pide en este pasaje
de San Juan y que también nos lo requiere en otra oportunidad,
con palabras similares: “El que quiera asegurar su vida la perderá,
pero el que pierda su vida por Mí, la asegurará” (Mt.
16, 25 - Mc. 8, 35 - Lc. 9, 24).
Morir cuesta mucho. Y más cuesta la idea
misma de “morir”. Pero la Palabra de Dios es clara, muy clara:
debemos entregar nuestra vida, morir a nosotros mismos, si realmente queremos
vivir. ¿Qué significa entregar nuestra vida y morir a nuestro
yo?
Significa entregar nuestros modos de ver las cosas,
para que sean los modos de Dios y no los nuestros los que rijan nuestra
vida. Significa entregar nuestros planes, para pedirle a Dios que nos
muestre Sus planes para nuestra vida, y realizar esos planes y no los
nuestros. Significa entregar nuestra voluntad a Dios, para que sea Su
Voluntad y no la nuestra la que dirija nuestra existencia en la tierra.
Es, entonces, un continuo morir a lo que este mundo nos propone como deseable
y hasta conveniente.
Ya Dios nos advierte en su Palabra quién
rige este mundo: aquél que es llamado en este pasaje “príncipe
( o amo) de este mundo”. Los valores que nos propone el mundo son
muy diferentes a los de Dios. Los criterios de este mundo son también
muy diferentes a los de Dios. Y cada vez que optamos por el bando de Dios,
por ese “perder la vida de este mundo”, significa un “morir”
a nuestro yo, es decir, a nuestras propias inclinaciones, deseos, ideas,
criterios, planes, etc.
Próximos ya a la Semana Santa, cuando conmemoraremos
la entrega total que Cristo hizo de Sí mismo, perdiendo su vida
para darnos una nueva Vida a todos nosotros, es tiempo propicio para una
profunda conversión.
Reflexionando sobre las palabras del Evangelio
y aplicándolas a nuestra vida espiritual, podríamos pedir
al Señor esta gracia de conversión profunda que significa
el poder comprender y realizar este ideal que nos propone y nos muestra
Cristo: morir para vivir, perder para ganar, entregar para obtener.
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