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“Danos hoy nuestro pan de cada día”(Mt.
6, 11), pedimos en el Padre Nuestro. Sin embargo, ese alimento
diario, que pedimos y que Dios nos proporciona a través de su Divina
Providencia, no es sólo el pan material, sino también -muy
especialmente- el Pan Espiritual, el Pan de Vida.
No podemos estar pendientes solamente del alimento
material. El pan material es necesario para la vida del cuerpo, pero el
Pan Espiritual es indispensable para la vida del alma. Dios nos provee
ambos.
Jesucristo está vivo en
la hostia consagrada, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad; es decir: con
todo su ser de Hombre y todo su Ser de Dios, para ser alimento
de nuestra vida espiritual. Es este gran misterio lo que conmemoramos
en la Fiesta de Corpus Christi.
Efectos del Sacramento de la Eucaristía:
• nutre al alma,
• aumenta la Gracia y
• acrecienta nuestra unión con Cristo.
Adicionalmente:
• borra los pecados veniales,
• nos da gracias para cumplir la Voluntad
Divina,
• para evitar el pecado y
• nos fortalece en las tentaciones,
• nos incita al amor a Dios y a los hermanos
• efectúa “comunión”
del comulgante con Cristo y con el prójimo,
Ahora bien ¿siempre se realiza la Comunión?
La unión con Cristo o Comunión es
posible sólo si al recibirlo lo hacemos con las debidas disposiciones.
Si no tenemos las actitudes correctas de fe y de deseo de imitar
a Cristo en todo, no se realiza la “Comunión”.
Recibimos a Cristo con nuestra boca. Pero eso no
basta, pues tenemos que unirnos a El en el pensamiento, en el sentir,
en la voluntad; con nuestro cuerpo, con nuestra alma (entendimiento y
voluntad) y con nuestro corazón.
Siendo así, nuestra vida humana podrá
entonces participar de su Vida Divina, de manera que sea El y no nuestro
“yo” el principio que guíe nuestra existencia y nos
conduzca por la travesía que nos lleva a la Vida Eterna.
Hay condiciones preparatorias a la recepción
de la Eucaristía que conocemos por exigencia de la Iglesia: no
estar en pecado mortal, guardar el ayuno requerido, estar debidamente
vestido, etc.
Pero hay otras condiciones interiores, profundas, que están
sobreentendidas y que a veces pasamos por alto:
• FE en la presencia real de Cristo en la
Eucaristía
• CONFIANZA plena en Dios
La consecuencia de la Fe es la confianza. Fe y confianza en Dios son como
dos caras de una misma moneda: no hay fe sin confianza y viceversa.
• ABANDONO Y ENTREGA TOTAL A DIOS
Al tener plena confianza en Cristo, podemos entregarnos
a El sin reservas, totalmente, a todo lo que El tenga dispuesto.
Estas disposiciones fundamentales de parte nuestra
permiten que haya “común-unión” o Comunión:
unión de Cristo con nosotros, de nosotros con Cristo y unión
entre nosotros en Cristo.
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