Resumen Bíblico

HACIA EL SINAI

Llevaban ya unos dos meses atravesando el desierto.

La comida y el agua habían empezado a escasear y añoraban la carne y el pan de Egipto, sin acordarse de que los habían comido en esclavitud. Y empezaron las murmuraciones contra Moisés y Aarón.

Dios acudió de nuevo en su ayuda y les aseguró que aquella tarde comerían carne y que a la mañana siguiente tendrían pan. Una bandada enorme de codornices, en su vuelo migratorio estacional, se posó en el campamento y aquella noche pudieron comer carne. A la mañana siguiente todo apareció cubierto por una especie de rocío que al evaporarse dejaba unos granos o copos blancos con gusto muy parecido al del pan.

-«¿Man-ha?» (¿Qué es?)
-se preguntaban.

-Es el pan que Dios nos da para alimento -les comunicó Moisés.

Mientras cruzaron el árido desierto, cada mañana los israelitas recogían este alimento divino o «man-ha»; pero solamente la cantidad que iban a necesitar para la jornada.

Acampada tras acampada, de oasis en oasis, el pueblo se iba acercando a las montañas del Sinaí. Por las tardes Moisés, cuando se detenían, se sentaba para escuchar y resolver los pleitos que se producían entre las gentes del pueblo.

Un día los amalacitas atacaron a los israelitas. A la mañana siguiente y por orden de Moisés, Josué salió a combatirlos al frente de un grupo de hombres. Moisés subió a lo alto de un cerro para orar por la victoria de su pueblo. Mientras permanecía en oración con los brazos en cruz, Josué vencía, pero cuando los bajaba por cansancio físico ganaban los amalacitas.

Sus acompañantes, Aarón y un mensajero, se dieron cuenta de esta circunstancia y le sostuvieron los brazos extendidos hasta que los amalacitas fueron definitivamente derrotados. Se cumplía el tercer mes de la salida de Egipto cuando los israelitas llegaron a las laderas del monte Sinaí.

Dios ordenó a Moisés que subiera a la cumbre porque quería hablarle.

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