La esencia de Dios, o lo que se llama en
Teología “la esencia metafísica de Dios” es
su “aseidad”. Aseidad viene del latín “a se”
(por Sí, por Sí mismo) que nos indica que Dios existe por
Sí mismo.
Dios no necesita de nada ni de nadie para existir,
Dios se basta a Sí mismo, es decir, Dios es auto-existente y auto-suficiente.
Como Dios es infinito y perfecto, ningún
ser creado puede comprender plenamente su naturaleza. Dios, por tanto,
resulta incomprensible, inaccesible a nosotros, seres humanos imperfectos
y limitados. Así dice San Pablo de Dios: “Al Unico Soberano,
Rey de Reyes y Señor de los Señores, al único inmortal,
que vive en una Luz inaccesible y que ningún hombre ha visto ni
puede ver, a El sea el honor y el poder por siempre jamás”
(1 Tim. 6, 15-16).
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